Un diente de león no es nada. Es la levedad de un suspiro, el fugaz anhelo de un beso, el minuto de gloria o de pena. Es el baile de la espora en la pista de baile azul, manchada de blanco. Es el alimento efímero de la mirada de los hombres que miran al suelo y sueñan con otros horizontes. Otros días, quizás.
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Qué o quién impedirá que vuele |
Hay pieles a las que no les viste bien el amarillo. La piel, ese órgano kilométrico que se repliega y se acomoda según las circunstancias. El azul es el bálsamo de los ojos cansados. Y el verde... su solaz.
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En el horizonte, las montañas azules, más azules que nunca |
Y vallar el paisaje, para que no se fugue. Y así, solazarse e impregnarse de melancolía o de risa, según el instante.
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Quién fuese encina o nube. O brizna de hierba sin memoria, ni dolor |
Encontrar todo lo que se precisa en una tarde de sol.
Comentarios
Seré un poco vanidoso... pero me siento homenajeado con el diente de león.
¿Poesías?
Buen sábado...