
Releo las novelas del detective duro y bebedor en una buenísima edición de RBA. Siete novelas y cuentos inéditos por los que se pasea este hombretón de uno ochenta de estatura, despacho sin secretaria y botella de bourbon en el último cajón del escritorio. Un buen vaso de güisqui desata lenguas y conciencias, soborna voluntades… y Marlowe sirve y se sirve sin mesura.
Son memorables las frases, los modos y el mirar esquinado del detective; con desencanto y deseando creer. Me sentí como si le robara a un pobre, comenta, cuando el marido enfermo y viejo de la última rubia despampanante les pilla besuqueándose en el sofá del salón. Mujeres… de todos los gustos: simplemente bonitas, del montón, espectaculares, rubias, pelirrojas con pecas, con el pelo color azabache y labios bermellón. Las hay malvadas, asesinas, mojigatas, independientes, tiranas, inteligentes, pálidas y esplendorosas, pero todas, sin duda, simbolizan la perdición.
También el increíble feo del cine junto a la belleza de la Bacall.
No están tan mal como acompañantes en otoño...
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Abrazos
Un abrazo