¿Me llevas?, 3

La historia viene de aquí
Cogí un tren y luego otro y otro más hasta alcanzar el sur. La mayoría eran máquinas de no menos de cincuenta años; los vagones revestidos de madera y el suelo lleno de agujeros por los que se veían los raíles a una velocidad de crucero de unos 70 kilómetros por hora. Aún así, el dinero se acabó pronto con tanto trayecto ferroviario y el primer día llegó a su fin. No tenía un duro, pero sí confianza. Qué caudal tan rico se tiene cuando se es joven. Caminé hasta una gasolinera, puse el petate de almohada y me tumbé en el colchón del suelo. Me dormí alborozado por primera vez desde que empecé la mili; estaba solo, bajo las estrellas, camino del mar y la aventura; ni siquiera sentí la dureza del pavimento. Sólo quería que llegase la mañana para hacer auto stop y sólo lamentaba el no poder hacerlo con el traje militar, porque a los militronchos los cogían antes por una especie de solidaridad compasiva que yo comprendía (y comprendo) muy bien. Al día siguiente, me miré en el cristal del surtidor y pensé que, pese a ir vestido con tejanos y camiseta, tenía toda la pinta de un recluta desamparado.
Hasta las doce no hubo suerte, o es “es que hay gente pa tó” que diría Gallo, y no me recogieron ni un Seat Ibiza azul marino que conducía un bigotudo, ni un Citröen cuatro caballos que manejaba mal que bien una joven madre de familia, ni una furgoneta de un repartidor con cara de vinagre. Ya estaba empezando a preguntarme si no sería mejor caminar un trecho e intentarlo en otro sitio, pareciera que la gasolinera me traía mal fario, a este paso se me iban a pasar los días apostado entre los surtidores, con mi petate verde oliva y mi cara de panoli; cuando un conductor de un camión rojo devorado en llamas me hizo una seña desde la cabina. Vamos mozo, que para sobrevivir a la mili has de avivar el ojo y ser listo, saber quién te puede llevar y quién va a pasar de ti, a ver si espabilamos, me dijo el aprendiz de filósofo. Se llamaba Eutimio y llevaba sanitarios a Lagos. Tú verás si te conviene; comemos juntos y luego te vas a la playa a ver si te encuentra una muchacha que te quite esa cara de desconsuelo. No había pensado llegar más allá de Huelva, pero esto es una aventura, me dije, y además estoy cansado, tengo hambre y este Eutimio parece hombre entretenido y de los que hablan cuando tienen algo que decir; es decir, siempre.



¡1-0!

Comentarios

Xibeliuss ha dicho que…
¡Huele muy bien este viaje iniciático! Vamos a ver dónde nos lleva.
Y sí, la cara de panoli no te la podías quitar aunque dejases el uniforme en el petate.
Un abrazo.
¡¡¡1-0!!!!
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Sí!!!
Abrazos y gracias por acompañarme en este viaje