¿Me llevas?, 2

La historia viene de aquí
Era mi primer permiso largo. Sí, estaba haciendo eso que se llamaba la mili, cuando aún era obligatoria y se creía que para ser un hombre había que hacerla. Tal vez fuese así en otras generaciones, cuando apenas si se conocía más horizonte que el pueblo o el barrio de nacimiento y las montañas eran la frontera natural en el que se detenía cualquier anhelo. La mili, entonces, era una especie de viaje iniciático en el que conocer cosas y gentes nuevas, la mili (se decía) te hacía un hombre.
El espíritu marcial ha brillado siempre en mí por su ausencia, naturalmente. No me gusta obedecer sin cuestionar si la orden es justa, injusta, apropiada o conveniente; odio conocer tipos por obligación (algunos de ellos interesantes, otros anodinos y prescindibles, como suele suceder en la vida militar y en la civil). No me libré de ella ni por pies planos, ni por objeción de conciencia; en aquel tiempo no estaba estudiando y tampoco tenía claro qué iba a hacer en los próximos años: acababa de dejarme una novia que fue mi primer amor y no opuse, ciertamente, ninguna resistencia.
El servicio militar me tocó hacerlo en un paraje llano, árido, de clima desértico. En esos meses limpié mucho, a todas horas y prácticamente todos los días. Aprendí, eso sí, a nadar y a guardar la ropa, a callarme mis opiniones, a llevar el pelo al rape y el rostro perfectamente rasurado, a verme el careto en las botas y en los zapatos, a no meterme en líos con los mandos ni con los compañeros, en definitiva, a pasar desapercibido, y en un estado de ensimismamiento tal que si estuviera en un monasterio tibetano y no en un cuartel español.
Con ese panorama, el espejismo del mar y su tópico (libertad, mar azul, sal, sol y risas, el anuncio de la colonia completo) era la visión que me empujaba a levantarme al amanecer, y el impulso que necesitaba para ir tachando las semanas y los días que me quedaban para disfrutar de diez días enteros; diez días de verano joven que quise tener sólo para mí.
Cuando llegó el momento, líe el petate y me largué de la estepa buscando el horizonte azul. Iba solo porque no soy ave gregaria y estaba hasta los mismísimos de compartir confidencias, ronquidos y aromas varios a medianoche.

Comentarios

Xibeliuss ha dicho que…
Uf, la mili, que te hacía hombre... Cierto, para muchos fue la primera oportunidad de ver qué había más allá de su casa. Pero, en general, "ensimismamiento" es una buena definición.
Un abrazo esperando el mar.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Un abrazo, Xibeliuss. Veremos si te gusta cómo va evolucionando relato y personaje...