Zapatero remendón

Se transita por la vida mientras jirones del alma se van quedando enganchados en las zarzas que te salen al paso en los días.
Son esos pequeños e íntimos desgarros que nadie nota, apenas tú, si no fuese por una minúscula desazón que se instala en mitad del pecho y que no pasa de ser un murmullo molesto y desasosegante… como cuando duele una vieja herida o molesta una cicatriz antigua.
Son esas decepciones que se van posando en ti como pájaros de mal agüero, negros y pequeños, picoteando y rompiendo, deshaciendo.
Íntimos desgarros que, si tienes suerte, se reparan con una sonrisa y casi ni se nota la costura.


Comentarios

Xibeliuss ha dicho que…
La risa, la alegría, el ansia de vivir sirven para que los desgarros queden como nuevos.
Recien planchados, vaya.
alicia ha dicho que…
Qué necesarios esos viejos oficios! Solo un zapatero remendón como García, curtido entre pieles, certezas como agujas y suelas quebradas puede restañar esas fisuras que la vida va dejando en el alma, ese traje.
Sirena Varada ha dicho que…
Es cierto, querida María Antonia, los pequeños desgarros van haciendo mella en nosotros desde el principio, y como al final se hacen constitutivamente neutros y tuyos, conviene repararlos como sea: con sonrisas, con versos, con canciones, sellando bien las costuras para que por ellos no se filtren nuestros sueños.


Un abrazo
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Gracias por vuestras palabras, que hacen de hilo y aguja...

Un abrazo