Alguien a quien me precio de conocer dice siempre que hasta para tener mala leche hay que tener clase. En realidad, esta persona suele decir otras muchas cosas con buen sentido común (ese sentido que resulta tan, paradójicamente, poco común), como por ejemplo, no hay que gastar esfuerzos en eso/ella/el porque no merece la pena desgastarse con algo/alguien que es o tiene tan poca sustancia.
Esto va de palabras, esas que se repiten, se escriben, se murmuran, que viajan tan rápido como los flamencos en pos de alimento y, una vez llegadas al terreno propicio, fecundan y se reproducen: pequeñas aves grises de malos augurios.
Al contrario que estas avecillas que, si todo va bien, se tornarán rosáceas y gráciles, hay palabras con mala leche que jamás se vuelven blancas, sino que con el paso del tiempo se oscurecen y se vuelven más y más negras.
Escribir con ironía y gracejo es un arte al alcance de unos pocos. Escribir con mala leche casi lo puede hacer cualquiera, pero hay que saberlo hacer con clase.
Termino y me quedo con los flamencos, sin dudarlo. Otras cosas no se merecen más esfuerzos.
Esto va de palabras, esas que se repiten, se escriben, se murmuran, que viajan tan rápido como los flamencos en pos de alimento y, una vez llegadas al terreno propicio, fecundan y se reproducen: pequeñas aves grises de malos augurios.
Al contrario que estas avecillas que, si todo va bien, se tornarán rosáceas y gráciles, hay palabras con mala leche que jamás se vuelven blancas, sino que con el paso del tiempo se oscurecen y se vuelven más y más negras.
Escribir con ironía y gracejo es un arte al alcance de unos pocos. Escribir con mala leche casi lo puede hacer cualquiera, pero hay que saberlo hacer con clase.
Termino y me quedo con los flamencos, sin dudarlo. Otras cosas no se merecen más esfuerzos.

Flamencos descansando en una salina murciana
Comentarios
Saludos.
Pero la respuesta a tu persona es en palabras. Ya ves, escribo a tu persona, no hay muchas.
Me gustaría mandarte un flamenco, en lugar de gracias por tus palabras. Vuelan seda y cruzaron mi cabeza.
Breve, austera. Me gustó la reflexión y más también.
Sutil.
Saludos
Sol
revistaq.net