



Pinturas de Botero
He estado comiendo naranjas… ya ves, hermano, sigo con mis gustos, con mis manías y mis miserias: me gusta comer naranjas partidas a trozos con el cuchillo de mondar papas. No puedo evitarlo. Es llegar el invierno y mandar a la mucama a por naranjas todo uno. Luego, te puedes figurar, me desnudo y en mi cama, como naranjas troceadas en tres y en cuatro trozos. Me recuerdan a ti, hermano. Hoy, además, he leído tu carta. Qué cosas tan hermosas me cuentas. Estoy desnuda, ¿recuerdas? Bueno, no del todo, llevo puesta la pulsera azul que me regalaste el último día, en el último encuentro. ¿Recuerdas? No, no te preocupes, no te voy a contar nada malo, no te voy a hablar de nuestros encuentros, hermano. Qué cosas tan bellas me cuentas en tu carta.
Tumbada como estoy, desnuda sobre la colcha roja y las sábanas blancas, te recuerdo, mi hermano. ¿A quién esperaré de nuevo, entre aromas de sexo y naranjas? A ti, ya no, lo sé. No temas, no voy a escribirte sobre nuestros encuentros, querido hermano. Qué cosas tan preciosas me cuentas en tu carta. Me hablas de una bailarina exuberante, de pelo negro ondulado y la imagino haciendo un plié en primera posición, frente al espejo, con las zapatillas de punta rosas y el adorno en el pelo. Será bella, hermosa, rozagante, preciosa. Será la más bonita, sólo porque es tu amante.
Me escribes acerca de tu familia: una mujer grande de caderas anchas capaz de darte muchos hijos: un niño y una niña y otro en camino; los paseos por el campo bajo los manzanos, el perrillo que le compraste a tu hijo para que no sintiera celos de la venida de su hermana… Yo soy una mujer grande y fuerte, de caderas anchas, hermosa y rozagante y mi sexo huele a naranjas, hermano. No, no temas. No voy a proponerte otro encuentro. A pesar de todas las cosas maravillosas que dices que tienes, perdimos nuestras citas sobre la colcha roja, rodeados de naranjas.
Ya ves qué te digo hermano. Aún cuando eres el hijo de mi madrastra. Te imagino en la biblioteca de tu casa: una casa con jardinero y criadas, tú; un hombre respetado, con una vasta biblioteca, a tus espaldas, cientos y cientos de libros de colores. Tú, un hombre infeliz que estará leyendo mi carta, que para hacerlo se habrá puesto precipitadamente los anteojos y estará soñando, como antes, como siempre, con aquellos encuentros de sexo y toronjas. Adiós querido hermano.
Te recuerdo, desnuda, rodeada de naranjas.
Comentarios
Yo te deseo lo mismo amiga, que estés feliz, bien y que sigamos teniéndote ahí... con las mujeres romanas...
besos
Felices días para ti también
abrazos
Te dejo besitos de hadita y mis mejores deseos para el año q comienza!!!!!!!
Gracias
Feliz año para ti también!!!!!!!!
La nieve con familia, amigos y salud es menos fría.
Un fuerte abrazo.
Carol.
Felices fiestas para ti también
besos
Además un super abrazo, bien caluroso.
Besos
Ce
abrazos y besos
Feliz año para ti también
Besos