La Habana

Recomendar lecturas es un riesgo, para el que recomienda y para el que se deja o reclama. Al igual que todo en la vida, la recomendación tiene sus clases, sus tipos, sus motivaciones. A mí, (aunque es la que más riesgos atrae) me gusta la recomendación apasionada. Sí. La que no es por compromiso. Una recomendación que es una revelación de un amor... porque si no lo cuentas, no tiene gracia. Hay que ser valiente y atreverse a decir, rotundo, es una de las mejores novelas que he leído. Uno no se para a pensar que puede cambiar de opinión. Pero en realidad, no importa. Al igual que pasa con los amores, los hay eternos, inolvidables, pasajeros, flor de un día. Pero cuando lo viviste fue único.
Una vez respondí a una pregunta (abierta) sobre el número de libros leídos en un año: Los libros son como mis conquistas: no los cuento y sólo recuerdo a los memorables.
Quizás eso me ocurra también con las recomendaciones, las hechas y las recibidas. Es muy valiente recomendar así, a pecho descubierto, y yo, que gusto de recomendar, me encanta que me recomienden. Aunque no acierten (o la que no acierte a entender sea yo, pues los amores son así, viscerales, irracionales). Hecho el planteamiento, paso a recomedar.
Hace unos días me hablaron de novela negra (ya los lectores de mi blog saben de esta pasión fatal de la que escribe). Me descubrieron un autor: Leonardo Padura Fuentes y una serie protagonizada por Mario Conde (un nombre peculiar), un poli que vive en La Habana. El escritor tiene tras de sí más bibliografía, y en mi mesilla reposa El hombre que amaba a los perros, pero ahora me ocupo en seguir las investigaciones del policía cansado, casi alcohólico y fumador empedernido (escribí en otra ocasión sobre los vicios literarios), un poli triste que se emborracha de ron y de nostalgia. Casi todos los días, si no le estorba las horas un caso que se pone color de hormiga o no se entromete una jeba, el Conde visita a su amigo el Flaco, que ya no es flaco, ni camina (para saber por qué habrá que leer) y antes, o mejor después de que Jose, la madre del amigo les alimente con un sopón o con un guiso glorioso, se van al cuarto y ponen música. Después del ceremonial diálogo, aderezado con la sorpresa por los gustos eclécticos del Flaco, acaban escuchando ésto. Porque Foggerty canta como  Dios. O será que es Dios.




El Conde es poli porque no es escritor, está triste porque se enamora de la mujer equivocada, como sólo sabe enamorarse: con desespero. Porque siempre recuerda lo que pudo haber sido y no fue. Es casi como La Habana, una ciudad que va muriendo a cada instante, igual que las ilusiones del madero. De cualquier modo, cuando la fortuna le sonríe y hasta la pecera de su pez peleón (que nunca y siempre es el mismo) Rufino resplandece, le gusta cantar esta canción. La mejor.




De momento, Padura ha escrito seis entregas. Las cuatro primeras son conocidas como Las 4 estaciones, y en Vientos de Cuaresma, parece que el Conde, al fin, será feliz con la mujer a la que le gusta el saxo y el sexo. Pero.




Las siguientes novelas son La neblina del ayer y Adiós Hemingway. Me apresto a tomar un pomo de ron del bueno. A vigilar la coladera y hacer un express casero. A observar los edificios altos y descubrir las partes más escondidas de La Habana: escudos, frontones, esculturas, resabios de otros tiempos. Y a saborear la ciudad, que a través de Mario Conde, me sabe a bolero.

Comentarios

Loren ha dicho que…
Me alegro mucho que te estén gustando las andanzas del amigo Conde. Hace poco ha sacado otra (la he leído pero no recuerdo el título). Creo que la que menos me gusta es Máscaras, pero ya me dirás.

Estupendo post, por cierto ;)

Un besote,
L.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Gracias por la recomendación, ha sido para mí todo un descubrimiento!!!!!

De las 4 estaciones las que más me han gustado han sido Vientos de cuaresma y Paisaje de otoño. Coincido contigo en Máscaras, no me terminó de convencer...

Ahora estoy con La neblina del ayer. Vaya! Qué bien, otro título más...

Un beso y gracias por tu comentario!! :)