Besos, besos y más besos

No les he vuelto a sorprender. La esquina parece más gris, más desconchada, más triste. Es como si ya no fuesen novios, como si todos estos meses (desde que empezó el curso) no hubiesen existido. No sé qué ha ocurrido, quizás en los últimos tiempos no han podido arañar ni treinta minutos para emplear en despedidas interminables (tipo dilo tú, no tú, venga, vete tú, no tú).
Son dos chiquillos y no es exageración. Dejan las mochilas en el suelo, en la encrucijada de las dos calles, enfrente del portal donde vive él. La casa de ella está al final de la calle larga y, cuando consiguen separarse, corre apurada, la cara roja, los labios hinchados de tanto besar.
Sí. Se besan. 
Se besan como dos colibríes, o como dos cocodrilos, depende del día, del sentimiento, del abrazo. Los libros se vacían de las mochilas, ya son más de las tres, ya hace rato que los esperan; pero ni el frío, ni la lluvia, ni siquiera el granizo (les sorprendí una tarde de diciembre guareciéndose bajo las carpetas, besándose con más ahínco, si cabe), ni la mesa puesta, hace que se apresuren. Decenas, cientos de besos. 
Son dos chiquillos delgados, de dieciséis. Tal vez él sea su primer novio. Tal vez ella sea su primera chica. Se besan con el convencimiento del primer amor (es el definitivo, esto no se acaba nunca, sólo quiero que besarte) y me arrancan sonrisas, recuerdos. Dos chiquillos que se besan como boas o como ruiseñores, mezclando salivas, roces, caricias, juntos los rostros, sonrojados, los labios inflamados de tanto besar. 
Hace unas semanas que no les veo, coincidiendo con la primavera. Sería el primer amor que nace en otoño y se extingue en marzo. Quizás es que se han ido a otra esquina, a otra calle. Nunca pensé que les echaría de menos. A ellos y sus besos leves, intensos, profundos, engullidores. Qué cosas.



 **** Para M. ****

Comentarios

Mar Horno ha dicho que…
Cuando se acaban esos primeros besos es como si perdiéramos otra vez nuestra inocencia. Juventud, divino tesoro... Un beso.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Cuánta razón... bueno, mientras seamos capaces de apreciarlos, creo que no nos convertiremos en viejas gruñonas ;-)

Y, qué te voy a decir?

Pues eso: un montón de besos :)