Unas cosas y otras, V

Juan y Marta son compañeros de trabajo. Desde hace diez años comparten proyectos, ilusiones, miedos, momentos aburridos, alegres, risas, buen humor, penas. También, despacho. Marta le quiere. Juan vive con Ana, una mujer estupenda que le quiere. Juan quiere a Ana. Marta va dando tumbos, de una relación a otra, tratando de olvidar. Pero, ¿cómo olvidar cuando el lunes siempre vuelve? Ahora, por estas cosas de la vida y de la literatura, se han encontrado en Madrid un domingo de diciembre. Están en un restaurante de comida rápida y servicio lento...


*****

-¿Te ha comido la lengua una vaca escondida entre tanto forraje?
- Pero mira qué... (No hay manera de olvidarte, ¿verdad? Siempre será así.) Y... ¿qué tal está Ana? ¿Sigue trabajando en el proyecto de la tienda de ropa?
-Sí... ahí sigue... con lo suyo, ya sabes. Pero, bueno, y tú. ¿Qué incauto ha caído en tu red? Espero que sea más espabilado que el último, el pobre. Que parecía que había venido directamente de Marte, el hombre...
-Pero... ¡a que te doy!
-Reconoce que el muchacho no tenía muchas luces... si le dejaste porque era incapaz de acordarse en qué piso vivías... (Imitándole) Entonces, dices, que es el 4º B de Burgos, ¿no? Ay, perdón, en el 5º C de Cáceres... Pero si el tío practicaba el abecedario contigo!
No puede enfadarse con el, porque además, tiene toda la razón del mundo. Así que estallan en risas, sin importarles que los demás los miren. Sin caer en la cuenta de que son una pareja de mediana edad que no son pareja. Pero como si lo fueran.
-¿Qué quieres? No todos tenemos la suerte que tú... Ana es especial y te quiere tanto... 
Marta lo dice en voz alta y lo dice sinceramente. Ana es una mujer maravillosa, guapa, simpática, trabajadora, lista... que quiere a Juan y es correspondida. A ella le cae bien, estupendamente, le gustaría que fuese su amiga, ir de compras con ella, de fin de semana, organizarle la despedida de soltera... siempre y cuando no viviese con Juan. 
-Sí, bueno... ya sabes, me quiere, la quiero, llevamos tiempo juntos, y ahora viene la boda, los niños, la hipoteca, el coche familiar, las vacaciones en la playa, un año y otro, y otro...
¿Qué es lo que ocurre? Si Marta no tuviese conciencia éste sería el momento justo. Si Marta no tuviese conciencia, ahora espolearía a Juan para que le contase miserias y problemas de la rutina, para que le dibujase el retrato gastado de Ana, gastado por el tiempo y las discusiones tontas. Pero ese es otro problema. Porque Marta tiene conciencia. 
-Juan... ¿tenéis problemas? 
-No. No, no. Estamos bien, sólo es que ... quizás ya no estemos en la misma onda. Ella quiere casarse, tener un hijo, las cosas que suelen hacer las parejas que llevan años viviendo juntas.  Y yo...
-Tú, ¿qué?
-Que ese es el lío, Marta. Que no sé si eso es lo que quiero. De pronto, todo esto, me da miedo. Y me resisto. Y ella...
-Ella se siente mal...
-Sí, claro. Y discutimos... Y ella llora. En fin, será una racha... Hablemos de otra cosa, anda.
Marta calla y termina su ensalada. Juan calla y termina su lasaña. Marta mira a Juan. Juan mira a Marta. 
-¿Quieres tomar café aquí o nos vamos a la Real a tomarnos un sucedáneo de amor?
-Soy experta en sucedáneos, hombre. A la Real, a la Real. Que por algo he comido ensalada... ¡para resarcirme con el postre!
El momento pasó. Marta y Juan caminan, de nuevo, del brazo. Él, serio. Ella, tarareando una canción que la pone triste...


Para leer las cuatro anteriores entregas: aquí.  

Comentarios

Mar Horno ha dicho que…
Yo pienso que hay que ser un poco loba en la vida y aprovechar las oportunidades. Siempre es mejor arrepentirse que no haberlo intentado. Muy buen diálogo y lo que más me ha gustado la introducción, es preciosa, casi un microrrelato. Un besazo.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Ya veremos en qué acaba todo esto... ;-)Gracias, Mar

Un beso!!!