Dejar que te roben el corazón...

Uno, a veces, está predispuesto a que le roben. A que le roben una palabra, a que le sisen un poco de tiempo, a que le entretengan la vida, así, sin sentido. Abre la cremallera del corazón y deja a la intemperie sentimientos, pálpito, sangre, alegría, desamparo. Ocurre que, en ocasiones, el que quieres que te robe (lo que sea, un pedazo de sonrisa, un beso furtivo, una caricia) pasa de largo y ahí te quedas tú, con el corazón expuesto, abierto de par en par. Luego, sin solución de continuidad, pasa alguien que se muere por robarte. Unas perras, un abrazo, una hebra de tu cabello. Pero tú has aprendido la lección y sujetas firmemente el bolso contra el pecho, cerrado y amarrado con una hebilla, por si el alma se alía con el órgano sensible y la líamos. Es difícil confíar. Es complicado volver a abrir el bolso, volver a dejar a la intermperie el corazón. Confiar. Pensar que esta vez será distinto... y que, como el ladronzuelo de ojos grandes (que dice la chacha que se deja, que se dejó sisar) no se embarcará rumbo a América. Sustitúyase amor por amistad o cariño... es lo mismo: el precio es demasiado alto. Y hay que calibrar si nos merece la pena. Si merece la pena que nos roben el corazón, la sonrisa, que tomen prestados tantos minutos de nuestra vida. Volver a creer que sí. Que los ladrones son gente honrada ...  

Comentarios

Isabel Romana ha dicho que…
Ja, ja, entre los honrados hay tantos ladrones de corazones como entre los sinvergüenzas. Es que hay corazones que atraen mucho... Besazos.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Querida Isabel... será eso!! :-) Besos