Remedios, 4

A Remedios, últimamente, se le ha instalado un frío en los huesos. Sabe que aún es pronto para sentirse así, y no acierta a qué se debe el estremecimiento íntimo que la acompaña. Madrid está bonita, sí, pero ella, hoy, se siente un poco sola. Encamina sus pasos al hotel, mientras piensa en si cenar o irse a la cama en ayunas. Bien, en ayunas, lo que se dice ayunas, Remedios. Si te has metido entre la espalda y el pecho generoso diez churros como diez soles. Las luces de Navidad parecen guiñarle un ojo y, ella ríe para sí. Volveré pronto a casa. Mañana, o pasado. Este año Madrid no me quiere. Alcanza a ver el hotel, grande, iluminado como una tarta de bodas o una vieja actriz de los años 50. Y si ya no hay quien me quite este frío.
Hubo un tiempo en que, como toda moza joven, tuvo unos ojos a los que mirar y un calorcillo que le invadía los adentros. Incluso planes de casorio, hubo. Un amor de esos que casi parecía una película. Y tal vez fue eso lo que me perdió. Que soy demasiado realista. O romántica. Porque... me dio miedo que los días degastaran aquella historia y que no fuera una película, ni siquiera una comedia, ni un drama. Sólo un sainete repetitivo. Ay, Remedios.

Comentarios

Isabel Romana ha dicho que…
Ser tan prevenida es peligroso. Más vale arriesgar, aunque sea para representar un sainete. Besos.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Pues sí. A ver si Remedios se lanza.

Besos