Remedios, 2


De cualquier modo, Remedios, que sigue avisada y con el carácter intacto aunque la lengua se le escape más a menudo de lo que ella quisiera, no tardó en poner en antecedentes al muchachito veinteañero y a su rendida madre, esto es, a su hermana querida. Ni un euro, corazón. Hazte cargo. No te falta de nada, tienes la pensión que os dejó tu padre y unos buenos ahorros. La casa en la que vivís es vuestra. Si quieres lujos, apechuga y gánatelos, como hemos hecho los demás con el pan que nos llevamos a la boca.
Lo cierto es que Remedios no es tacaña ni gruñona, ni quiere serlo. Si el muchacho se lo gana, el dinero será suyo. Pero ahora, que estudie y trabaje y que no dé nada por supuesto. Así se forja el carácter. Y, mientras tanto, los 300.000 euros a trabajar en el banco y ella, a vivir bien, tranquila, sin sobresaltos ni esplendores superfluos, que todo es vanidad.
Remedios, sin embargo, no puede por menos que darse algún que otro capricho al año, nada serio ni demasiado caro, pero capricho, al fin y al cabo. Le gusta ir a Madrid cuando iluminan la ciudad por Navidad, alojarse en un buen hotel cerca del Prado y tomarse chocolate con churros en una cafetería de la Puerta del Sol. Aprovecha para hacer compras y regalos para su hermana y su sobrino, Luisito, y visita museos, tiendas y mercadillos, a veces (sonríe para sí) sin distinguir unos de otros.  


Comentarios

Isabel Romana ha dicho que…
Bien por Remedios. Creo que yo también me hubiera prejubilado y le hubiera dicho que no al sobrinito. Y seguro que iría a Madrid a un buen hotel cerca del Prado... Encantadora historia, querida amiga. Un abrazo muy fuerte.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
A que sí? Estamos con Remedios...

Un abrazo Isabel