Remedios, 1


Remedios ha sido una mujer avisada y resultona. Ahora, sigue avisada, eso, con los años, se me acentuó, pero no lo otro, reconoce, risueña. También se ha reído mucho de todo, de todos y de sí misma. El humor que no falte, aunque la vida ponga palos en la rueda más a menudo de lo que sería menester. Remedios, si nadie lo remedia, terminará sus días sola, en su casa de Valencia. Siempre sola y siempre quitándome moscones de encima, piensa, con ese carácter zumbón que nada, ni las desventuras, ni las enfermedades, ni las desgracias propias o ajenas, suaviza. Funcionaria del estado, bibliotecaria para más señas, se acogió a una temprana jubilación. Así que, a los 55, harta de remolonear entre estanterías, mostradores, libros y demás familia (Internet, televisiones, ordenadores, documentos electrónicos y no electrónicos, niños, padres, abuelas y abuelos, etcétera), decidió tomar la vía de en medio y quitarse del ídem. Ya estoy vieja para andar adaptándome a las nuevas formas, y a los nuevos usos. Además, hay que dejar espacio a la savia nueva, al entusiasmo de la juventud, al arrojo desmedido por el trabajo de las generaciones  que llegan, le dijo, ocultando la media sonrisa, a su director, un día, tempranito, a eso de las 8. El carácter, que la pierde. Lo que se calló y se guardó de decir, porque una cosa es tener la lengua mordaz y viva y otra muy distinta ir en contra de los sentires y beneficios de cada cual, es que de pronto y por sorpresa le tocó la lotería de Navidad. Sí, un décimo que, siguiendo un impulso no concreto ni muy fuerte, siguió una tarde cuando volvía a casa. El décimo lo compró lejos de casa, porque la biblioteca en la que trabajaba de lunes a sábado, turnos de 8 a 4, le quedaba a trasmano y, si hacía buen tiempo, y no había mucha humedad, regresaba caminando. Vio el número, lo compró y le tocó la lotería. 300.000 euros del ala, de los que nadie en su vecindad tuvo noticia (por lo alejado de la administración y por las pocas ínfulas de Remedios). Sólo tuvo a bien prejubilarse, para dejar a la juventud bizarra un puesto de trabajo necesario.  Lástima que el sobrino petimetre y emperifollado tuviera noticias. Lástima. Pero qué se le va a hacer. Remedios nunca escondía nada a su hermana Lola. Y Lola, enamorada hasta las trancas de Luisito como una vez lo estuvo del padre, tardó menos en referírselo con pelos y señales que lo que tarda en comerse un chiquillo un helado en pleno mes de agosto. 

 

La canción no tiene nada que ver con el relato... es para aderezar, sin más :-)

Comentarios

Xibeliuss ha dicho que…
¡El sueño de tantos! Con su nubarrón en el horizonte.
Abrazos, Mª Antonia
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Sí!!
Un abrazo, Xibeliuss
Conchi ha dicho que…
¡Muy feliz año, María Antonia!

Un besazo,

Conchi.