La soledad del adverbio

Se ha quedado solo. Le han quitado el sombrero que solía llevar al desgaire, con estilo propio, aristocrático. Le hacía tan interesante. Le confundirán con el otro.
No hay más qué decir. El adverbio se ha quedado solo y se ha hermanado con el adjetivo. Quizás este sentimiento de soledad pensando en el pobre adverbio, sin tilde y lloroso, no sea más que una melancolía pasada de moda. Tal vez todo se arregle cambiándole el género y uniéndole el mente. Pero me resultan tan cargantes estupendamente, gradualmente, temporalmente, eternamente... Quizás no queda más que hacerse a la idea. La soledad ha alcanzado al adverbio.

Comentarios

Isabel Romana ha dicho que…
A mí también me apena que haya perdido su sombrero. Es más, estoy segura de que más de una vez se lo colocaré sin darme cuenta, por gusto o por costumbre o porque me resulta más reconocible. A partir de ahora, será como ver a Gary Cooper con las pistoleras pero sin sombrero...
Puedes estar segura de que serás un personaje en mi próxima novela. Te avisaré. No empezaré hasta febrero, más o menos, pero os daré tiempo para decidiros y elegir. Un abrazo muy fuerte.
Xibeliuss ha dicho que…
¡Nos va a costar acostumbrarnos! Aunque parece que, al final, van a dejarlo todo como recomendaciones y no reglas absolutas.
Muy bien traído.
Abrazos