Cuaderno de viaje. La Graciosa

Graciosamente extendida

Bajo el volcán

Turistas-cometa
El alma revoloteaba, amarilla y reluciente. Alguien (un trasgo, un dios menor) había colocado esa porción de tierra enrevesada en medio de las aguas azules. Una isla dorada y ardiente, que se desdibujaba en el cálido viento del Sáhara.
Asomados al abismo todo parecía nimio. Los días lavados, la cruda realidad. La cotidianeidad de los hábitos. Asomados al horizonte, lo diario carecía de sentido. Abajo, diminutas calles llenas de arena relucían bajo el sol.
Era un país pequeño e inventado, que quizás se echaría a volar cuando cerrásemos los ojos. A nuestro lado, los turistas corrían peligro de convertirse en cometas planeadoras sobre los riscos. El mirador no era espectacular, ni especialmente hermoso: el paisaje ya estaba allí, ofreciendose a las miradas sin precio estipulado.
A nuestros pies, las gaviotas chillaban enojadas y el viento arrancaba melodías secretas a la isla colmada de gracia.
El alma volaba sobre el cielo y el mar, transparente y brillante.

Fotografías de la isla La Graciosa desde El mirador del río. María Antonia Moreno

Comentarios

alicia ha dicho que…
Qué colores tan puros los de estas imágenes! Y la isla extendido su lomo sobre el agua, en paz.
Un beso de cometa, Mª Antonia
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Otro va volando para ti, alicia