Anne


Las tardes de verano, Anne se tumba en el suelo de la habitación que comparte con su tía. Siente el frescor en la tripa, la cara aplastada contra las losetas, los brazos a lo largo del cuerpo, dispuesta para flotar, con el pelo extendido en derredor. La tía no para de reñirla, terminarás resfriándote, los resfríos en el estío son peligrosos, cuídate el pecho, acuéstate en la cama, no seas desobediente, ya te has deshecho el lazo y el vestido está todo arrugado. Tienes que ser más seria, más responsable. ¿Qué pensaría tu madre si te viera? Ven que te recojo el cabello, anda. Arrodíllate, que vamos a elevar nuestras voces y nuestros pensamientos al Señor. Humildad, Anne, humildad, responsabilidad y trabajo. Las direcciones para navegar en la vida, no lo olvides, nunca, nunca.

Su tía no para de hablar; quisiera que cesaran los rezos y la dejara sola, porque las horas de las tardes de verano son para soñar despierta. Y entre oración y oración, va inventando un mundo alegre, verde y azul, un mundo de aventuras. No quiere disgustar a su tía, ni ponerse enferma. Recuerda cómo lloró el invierno pasado, cuando las fiebres no la abandonaban ni de día ni de noche. Cómo se quedó levantada, velando su sueño, aplicándole paños calientes en el pecho, y susurrando rezos. No quiere disgustarla… pero es que se está tan a gusto, así, con los ojos cerrados, escribiendo con la imaginación. Una dama, vestida de rojo y blanco, corretea por el prado, haciéndole la competencia a las amapolas. Las flores casi se bañan en el mar, precipitándose desde los acantilados. En el torreón, un caballero valeroso y de fortuna, lucha contra la adversidad que le impide estar junto a su dama. Desde él, el valiente caballero nombra a todas las estrellas con la razón de su amada.

Anne se incorpora y va hasta el saloncito donde su padre atesora libros y mapas. Allí, vuelve a descubrir la isla de Guernsey y vuelve a soñar con los chillidos de las gaviotas enmarcadas en lapislázuli. Hay una niña delgada y rubia, con un lazo azul en el pelo. Salta de roca en roca, persiguiendo a las mariposas de color ámbar que se han posado en la rosaleda. En sus manos blancas porta un pequeño cazamariposas, hecho de seda y caña, y lo agita con tanta elegancia y sutileza que se asemeja a la vela de un barco, inflamada con la brisa suave del norte. La niña aspira con fruición el aroma de la hierba, aún húmeda. El cielo brilla. Los pájaros revolotean en las ramas altas. Y ella, quisiera bañarse en ese mar salado.

Qué haces, Anne, con la cara pegada al sillón. Muéstrame que tienes entre las manos, pequeño diablillo. Seguro que no es tu libro de oraciones. ¡Mapas! Otra vez con lo mismo. Deja, deja ese libraco en el estante, con cuidado de no revolver más entre los papeles de tu padre y de tu hermano. Lávate las manos, que es hora de que tomes un poco de limonada.

Anne se despide con pena de Guernsey. Pero más tarde, después de la cena y antes de ir a la cama y rendir cuentas ante su tía y el Señor (examen de conciencia, oraciones nocturnas), intentará escribir lo que hoy ha imaginado despierta. Escucha a Charlotte reír en la parte de atrás, y a Emily gritar algo. Vuelven del paseo. Pronto se reunirán con ellas su padre y su hermano, y quizás, pueda escabullirse un rato antes de la cena y escribir.



Comentarios

Xibeliuss ha dicho que…
¡Me gusta la nueva imagen del blog!
El relato, como siempre, precioso.
Un abrazo
alicia ha dicho que…
La pequeña de la familia en un retrato delicioso que sabe a tarde de verano, a calor de abejas en la cabellera.
Un abrazo
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Gracias Xibeliuss... entonces, ¿te parece que lo deje así una temporada?
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Qué bonito alicia eso del calor de abejas en la cabellera...

Un beso
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
No sé por qué, pero he perdido este comentario de Xibeliuss:
¡Me gusta la nueva imagen del blog!
El relato, como siempre, precioso.
Un abrazo
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Y mis contestaciones también, ¡se han esfumado! ¿Será cosa de la nueva apariencia del blog?

Le decía a alicia qeu era una imagen bellísima, la del calor de las abejas en la cabellera (aunque un poco amenazadora... los picotazos!)

Y a Xibeliuss, que gracias y que si a él le convencía esta nueva imagen...
si me sigue dando problemas, cambio. ¡Aunque ya no sé qué plantilla tenía!

Abrazos
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Veo que no, que ya están aquí... disculpad las repeticiones...