Toca mirar al cielo

Las golondrinas vuelan de una parte a otra, como pequeñas flechas negras enloquecidas, nerviosas, alegres quizá porque el verano, a pesar del tiempo, está tan cerca. Sobre fondo azul el negro de los pájaros que siempre vuelven a anidar bajo los aleros, hace que el corazón se vuelva más grande y se expanda por todos los rincones de nuestro pecho. Caídas libres, volteretas arriesgadas, vuelos cerrados.

Una avioneta como la del aviador de Memorias de África surca los cielos de junio salmantinos y, el piloto ha tenido que verme; la cara contraída de angustia, admiración, miedo y un cierto deseo de libertad. El sonido ronco del motor deja de oírse y el insecto alado cae, piedrecilla tirada al río. Ahora dibuja una esfera y una serie de tirabuzones caprichosos, ejerciendo de bailarina de ballet clásico. Vuela tan cerca de una cigüeña que el ave nata y carbón se preguntará cómo es que ese bicharraco metálico hace esas subidas tan bruscas y esas bajadas tan vertiginosas sin despeinarse el plumón. La avioneta dorada vuela bajo y alto, volteándose y alejándose del suelo y del cielo, a capricho del capitán.

Las golondrinas vuelan y la avioneta vuela. Vuela el corazón con los ojos que se van tras las piruetas circenses. Una mañana que toca mirar el cielo.

Escuchando Una tarde de sol, de Manolo García

Comentarios

Xibeliuss ha dicho que…
¡Me encanta esa cigueña de nata y carbón!
Un abrazo
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Las cigüeñas anidan en todos los campanarios de mi ciudad. A mí me gustan mucho.

Un abrazo
alicia ha dicho que…
Delicioso texto y maravillosa música. Me guardo tus aves en el bolsillo por si hacen falta... ese es un tesoro que nadie habrá de quitarme...