Juan, el cajero, es un hombre trabajador que no sabe lo que es salir a las 3, ni lo que es quedar con una novia en el parque y comer, simplemente, pipas. No tiene tiempo. Vive dedicado al banco, a la oficina y a don Andrés. Atiende el mostrador de 9 a 14 h y a partir de las 16 h visitas a domicilio; de puerta en puerta va intentando vender productos bancarios a agricultores y gentes diversas que viven del campo. A veces se siente como un vendedor de enciclopedias o una santa venida a menos; pero la impresión le dura poco, quiere conservar el puesto y ascender (si es posible y si eso no supone zancadillear a don Andres) tan alto como su jefe, dechado de virtudes, hombre decidido que habla estentóreamente, con seguridad. Entonces no volverá a sonrojarse nunca más y será capaz de estar con una mujer, cortejarla, pasear, llevarla al cine, pedirle matrimonio, casarse y engendrar un par de muchachillos. Pero hasta que eso llegue, Juan sigue dedicado a don Andrés, a la oficina y al banco, recogiendo los largos teletipos que escupe la máquina y repasando los números, uno a uno, con paciencia de hormiga.
Es un hombre previsible, Juan. Pero hoy ha entrado ella y los teletipos se enredan en el suelo como los anillos de una serpiente amazónica.
Juan entorna los ojos y lo ve todo rojo y negro: rojos los labios, negra la melena, rojo el vestido, negros sus ojos. A partir de ahora, el azul ha dejado de ser su color favorito. El negro y el rojo. Perfectos. 
Imagen diseñada para una camiseta y tomada de la web que aparece en la imagen.

Comentarios
Besos
Un abrazo
Encantadores los detalles, y siempre sutiles; ese título en rojo y negro.
Un abrazo, querida maestra.
Guiomar
Un beso y gracias por estar
Eso lo sabréis vosotros, y quizás, Juan,nosotras, lo imaginamos... ;-)
Un abrazo, Xibeliuss
Un besito
Gracias por seguir... y no me llames maestra, que me pongo roja y negra! ;-)
Abrazos