Sobre Marta. De saberte, 4

Y luego mis venganzas mezquinas; hacerte esperar los domingos en el salón, preparado para salir desde una hora antes de que tú llegaras, y hacerme el dormido y hacerte esperar una, dos, tres horas, y tú no te ibas, ni te enfadabas, y yo, al principio, disfrutaba y luego, cuando os escuchaba a mi padre y a ti, enloquecía, y apretaba las mandíbulas, ocho palabras, no tiene corazón pero es bellísimo; libélula. Y yo: Marta, Marta, siempre tú, Marta.
Y una noche, en una plaza, bailaste al ritmo de la música. Tu falda blanca parecía un velero y tus ojos tenían la sabiduría triste de una mujer vieja. Y me sentí feliz por haberte tenido entre mis brazos y desgraciado porque supe que no, que yo no podía tener aquello, que se terminaba. Y así, cuando lo dijiste, cuando me hablaste esa otra noche, y me acariciaste la cara y yo te sujeté la mano, mientras te besé con rabia, no me sorprendió, Marta. Fue un sorbo agridulce comprobar que tenía razón. Y te fuiste, y no te fuiste, porque sigues aquí, en el salón, y parece que te estoy oyendo resolver crucigramas con mi padre; otro hombre al que cautivaste, crees que no lo sé, sí, lo enamoraste y lo dejaste, porque así es como haces tú las cosas, Marta. Se ha ido él también. Se ha ido como desaparecen los barcos que naufragan, en silencio, sin hacer ruido. Y Carmen, su mujer, se ha quedado aquí, sola, buscando en la nevera su última nota. Así estamos. Un montón de trastos inútiles que se hunden en mitad del mar, Marta.
Y tú, dónde estarás. Qué estarás haciendo. Porqué no puedo olvidar tu olor ni tus pechos, siendo como son tan pequeños y asimétricos. Si tengo a una mujer esperando tras una puerta, una mujer hermosa, que me ama como quiero que tú me ames, Marta. Si he estado con tantas mujeres que ni sé sus nombres y sus rostros son manchas. Y tu olor, que se me aparece en cualquier estancia de la casa, sólo con oler mis manos. Y toda tú. Y maldita nota, maldita página, maldita novela y maldita inquietud. Porque cuando estabas conmigo, no necesitaba nada, ni al mundo.




Comentarios

Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Queridos amigos, Jaime ya ha dicho todo lo que tenía que decir. Es hora de que hablen las mujeres... en los próximos días.

Gracias, un abrazo
Xibeliuss ha dicho que…
"porque así es como haces tú las cosas" O como vemos lo que queremos ver.
Espero las palabras de Marta
Un abrazo
alicia ha dicho que…
Regreso de unos días de travesía por la ciudad y me he puesto al día en tu relato. En cuanto he leído la última frase de Jaime he deseado saber de las palabras de Marta, la añorada Marta.
Tu lectura atrapa, siempre consigues que me haga un ovillo junto al fuego.
Abrazos y reencuentros
Sirena Varada ha dicho que…
¡Gracias María Antonia! Será un alivo poder escuchar la voz que encierra todas las claves!
También será un placer. Lo estás bordando.

Un abrazo desde la espera.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Amigos, os contesto a los 3, puesto que esperáis que ahora hable Marta.
Sin embargo, hay otras mujeres que hablarán primero. Ellas no están (creo yo) subyugadas por Marta, pero Marta les incumbe, está en sus vidas, de una u otra forma.
Después, sí. Después, llegará Marta...

Xibeliuss, alicia, sirena, un abrazo y gracias por la espera, la lectura y la compañía.
Isabel Romana ha dicho que…
Esperaré yo también, pues, a que hablen otras mujeres antes que Marta. Ya te dije que me está gustando mucho esta historia. Besitos.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Querida Isabel. Me alegro mucho. Besitos