Sobre Marta. Arena, 2

Ser titular. No volver al banquillo, estar contigo, que no te fueras. Ya somos mayores, Jaime. Ya no soy aquella que era, tú tampoco. Parecías un viejo cuando naufragaste en mis brazos. Te abrí la puerta, claro. Como antes, como siempre. Y me dijiste que querías estar conmigo, no más Marta, ni ninguna otra.
Todo esto tiene cierta gracia, ya lo creo. Cómo puede una mujer dejar que otra dirija su vida, cómo una mujer que se fue y regresó para volverse a ir ha podido conmigo, con todas las cosas que dije que haría, con todos mis proyectos, cómo ha podido pasar, cómo he dejado que pasara. Al principio me alegré cuando Marta se fue. Al principio, hace tiempo. Al principio de todo esto. Me sentía atraída por ti, por tus ojos vigilando los movimientos de Marta, por tus ojos hambrientos de Marta. Así que fui la siguiente, la segunda. O la primera de todas las demás. La suplente titular. Duró poco aquello. Fingí que no me importaba. Y comenzaron las demás y, entre una y otra, siempre me buscabas, siempre me buscas. Era suficiente, me acostumbré, siempre volvías, ¿por qué no ibas a quedarte?
Ay, Jaime. Lo que hubiera dado porque vinieras una noche como la otra noche, y me dijeras que te quedabas, que querías estar conmigo, sólo conmigo, lo que hubiera dado por ser tu Marta, por ser la titular. Pero pasaron los días, las semanas, los meses, y el tiempo. Y seguiste haciendo muescas y yo comencé a imitarte. Era despecho, lo admito. Quería darte celos, pero qué iba a importarte si tú no te enterabas, te daba igual, lo asumías; ¿acaso no lo hacías tú? Y cuando te cansabas de la última, atacabas por la espalda, a traición, y yo te abría y por un momento olvidaba a Marta y a las otras y no había para mí nada más que tus ojos, Jaime. Pero al instante siguiente, volvía a temerla. A ella. A la amenaza de ella.
Ella que volvió y no volviste. Durante casi dos años, no viniste. Las otras te duraban menos, claro, no eran Marta. Y han sido dos, pero hubieran podido ser cien. Así que pensé que era la despedida, y me dediqué a olvidarte, a intentar olvidarte, y llamé a un hombre para el que soy su Marta y hemos estado juntos, pero ya se acabó, porque llamaste. Sé que lo hiciste porque estás solo de nuevo, nunca me engañé. Pero esta vez ha habido un cambio.

Comentarios

alicia ha dicho que…
Qué duras ciertas certezas!
Esa titularidad desparejada...
Sirena Varada ha dicho que…
Terrible dilema el de este personaje: Decidir qué duele más, si dejar que otra mujer dirija su vida o ser la primera de... todas las demás.

¿Existe un terreno más inhóspito que el del amor no correspondido?

¿Dónde está la frontera entre el amor y el masoquismo?

Qué trise partida entre perdedores

Un abrazo, María Antonia.
Xibeliuss ha dicho que…
Creo que Sirena acierta de pleno. Sí, es el amor... pero hay que aprender a someterlo, a no ser tan feliz, pero al menos no tan desgraciado.
Un abrazo.
Isabel Romana ha dicho que…
Una cadena de desamores y de abuso del amor del que será desamado... Precioso.