Sobre Marta. Arena, 1

Arena entre mis dedos que resbala
Sólo te tengo
el tiempo
en que te escapas.

Placer y dolor
coinciden.
Tenerte
levemente
perderte.

Tú me diste
la palabra mientras.
Dulce Chacón, de su poemario Contra el desprestigio de la altura

Ser titular o suplente, estar en el banquillo viendo jugar o jugar tú. Todos estos años se me fueron entre anhelos de tenerte y la certeza de que te irías. Y cuando te vas, y me quedo a la espera, me prometo que nunca más, nunca, te abriré mi puerta. Que un día llamarás y aquí habrá otro, otro que no se irá, y no te abriré por más que me lo pidas. Hubo épocas en que estuve casi convencida de lograrlo, pero sólo fueron treguas de esta guerra que nos une a ti y a mí. La guerra se llama Marta y las batallas llevan los nombres de las otras, esas mujeres con las que te enredas para olvidarla, de las que descansas conmigo, cuando se termina la tregua y comienza para mí el enfrentamiento de nuevo, porque me convierto en otra, otra más, sólo diferenciada por la repetición. Ser suplente y practicar la soledad para estar prevenida, porque todos acabamos solos.
Desde que éramos tan jóvenes que nos besábamos en los parques, desde entonces, supe que Marta no se iría del todo. Y cuando observé cómo intentabas sustituir el amor por ella con naufragios sistemáticos en otras, cuando te vi haciendo muescas en el Winchester imaginario de tu conflicto, supe que no iba a ser tan fácil. Marta no es una guerra de tres al cuarto; es una guerra mundial.
Por qué la quieres a ella y no a mí, no es algo que me pregunte. Qué importa. Por qué te quiero yo a ti. Qué me has dado, qué has hecho por mí, a qué has renunciado. Por qué la quieres, si parece una niña, si la miro y no veo más que una mujer, por qué ella y no yo. Qué importa. Por qué sueño contigo, si no ha habido una mañana que hayas amanecido a mi lado, si no te quedas para el desayuno, si llegas de noche y te vas de noche, para que no te vean, para que no te vea yo al día siguiente. Qué importa. Y por qué en vez de quererte a ti no he querido a otro, a otro de los hombres que han venido en tus treguas, y se quedan y yo tengo que decirles que se marchen. Qué importa.
Marta se fue y te dejó y pasó el tiempo. Y al cabo de los años, cuando tú y yo habíamos forjado una relación hecha de idas y venidas, incertidumbres y tiempos inacabados y cosas por hacer, volvió. Entonces, sí. Entonces casi estuve segura de que no tendría que negarte el paso a mi casa, porque no volverías. Y me dediqué a hacer muescas en mi propio revólver imaginario. Pero la otra noche.

Comentarios

Xibeliuss ha dicho que…
La eterna, universal pregunta: ¿Por qué ella (o él) y no yo?
El corazón tiene razones que la cabeza no entiende.
Un abrazo
alicia ha dicho que…
El amor como la vida, esa chispa blanca, mágica e irracional que solo podemos invocar pero nunca crear a nuestro antojo..
pero.. ¿y Marta?
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Xibeliuss... efectivamente...

Un abrazo
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Cierto, alicia. Sin embargo, creo que estos personajes próximos (y lejanos) a Marta, nos desvelan mucho de ella... quizás más de lo que pensamos. O, por lo menos, de cómo les afectó (y les afecta).

Un beso
Isabel Romana ha dicho que…
Maravilloso texto. Preciso, no le falta ni le sobra nada. Rezuma veracidad. Besos, querida amiga.