La idea de

Es curioso cómo nos gusta la idea de. La idea de tomar un tranvía que nos lleve rumbo al cielo azul de Lisboa. La idea de encontrarnos, en una carretera secundaria, de noche y con alevosía, a Pessoa volviendo a casa, pensativo y melancólico, que atisba a una muchacha asomada a una ventana. La muchacha tiene la idea de que el conductor misterioso es más feliz que ella, pobre desgraciada, que sueña con su príncipe azul bajo un cielo negro. El poeta anhela la huidiza y probable dicha de la joven mujer que garabatea nombres con el dedo, la mujer que se solaza bajo un cielo aterciopelado, bordado de estrellas.
Del mismo modo, nos entusiasma la idea de ser Indiana Jones huyendo de los malos, cantante con Grammy, actriz de Óscar, Angelina con familia multicultural, o modistilla de verbena castiza, de pañuelo a la cabeza. La idea de levantarnos del sofá una tarde perezosa y escribir una historia, y la idea de escribir, que imaginamos dichosa y placentera: escribir las palabras justas y los sentimientos ciertos, la idea de que el proceso será gratificante y provechoso y que, al fin, dotará la tarde de significado.
Pero qué cansancio. No encontramos el momento de subir al tranvía, ni de mirar por la ventana para ver al poeta de la saudade. Es que sólo amamos la idea de. La idea de que nuestro pelo ondee como una bandera en la cima de una montaña, la idea de abrir la puerta de una casa de piedra que se deja abrazar por las buganvillas rosas, la idea de esperar a nuestro amor definitivo en Provenza… o Sigüenza. Adoramos la idea.

Hay personas juiciosas que saben que la idea es idea y punto. Hay personas que zarandean la idea y ya no es idea, sino hecho. Hay personas que quieren convencerse y convencer de que no aman la idea de, sino que son la misma idea. Indiana Jones, Jolie y Pitt, actriz galardonada, cantante de ópera.
La idea de. Es bueno intentar que un par de ideas dejen de serlo. Como el arpa de Bécquer que yace olvidada y cubierta de polvo, esperando. Levantémonos del sofá. Tal vez podamos leer el poema de Pessoa, bajo el cielo estampado de nubes, y veamos a una dulce muchacha soñando con un hombre cualquiera, que no es un príncipe, sólo su hombre.

El poema, maravilloso, de Fernando Pessoa:

AL VOLANTE DEL CHEVROLET POR LA CARRETERA DE SINTRA

Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra,
al luar y al sueño por la carretera desierta,
conduzco a solas, conduzco casi despacio, y un poco
me parece, o me esfuerzo porque un poco me parezca,
que sigo por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo,
que sigo sin que haya Lisboa atrás dejada o Sintra a la que llegar,
que sigo, ¿y que más puede haber en seguir sino no parar, proseguir?

Voy a pasar la noche en Sintra por no poder pasarla en Lisboa,
mas cuando llegue a Sintra me apenará no haberme quedado en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
siempre, siempre, siempre
esta desmedida angustia del espíritu por nada
en la carretera de Sintra o en la carretera del sueño o en la carretera de la vida...

Maleable a mis movimientos subconscientes del volante
galopa por debajo de mí conmigo el automóvil prestado.
Sonrío del símbolo al pensarlo, y al girar a la derecha.
¡Con cuántas cosas prestadas voy yendo por el mundo!
¡Cuántas cosas que me prestaron conduzco como mías!

A la izquierda la casucha -sí, casucha- al borde del camino.
A la derecha el campo abierto, con la luna a lo lejos.
El automóvil, que hasta hace poco parecía darme libertad,
es ahora una cosa en donde estoy encerrado,
que sólo puedo conducir si en ella estoy encerrado,
que sólo domino si me incluyo en ella y ella me incluye a mí.

A la izquierda, ya atrás, la casucha modesta, menos que modesta.
Allí la vida debe ser feliz, sólo porque no es la mía.
Si alguien me vio por la ventana soñará: ese sí que es feliz.
Para el niño que atisbaba detrás de los cristales de la ventana de arriba
tal vez yo haya quedado (con el automóvil prestado) como un sueño, como un hada real.
Para la muchacha que al oír el motor miró por la ventana de la cocina,
desde el piso de abajo,
tal vez yo fuese algo así como el príncipe que hay en todo corazón de muchacha,
y de reojo pegada al cristal me siguiese hasta la curva en que me perdí.

¿Dejo los sueños a mi espalda, o será el automóvil el que los deja?
¿Yo, conductor del automóvil, o el automóvil prestado que conduzco?

En la carretera de Sintra al luar, en la tristeza ante los campos y la noche,
mientras conduzco el Chevrolet prestado desconsoladamente
me pierdo en la carretera futura, me sumo en la distancia que alcanzo,
y en un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible,
acelero...
Pero mi corazón quedó en el montón de piedras del que me desvié al verlo sin verlo,
junto a la puerta de la casucha,
mi corazón vacío,
mi corazón insatisfecho,
mi corazón más humano que yo, más exacto que la vida.

En la carretera de Sintra al filo de la medianoche, al luar, al volante,
en la carretera de Sintra, qué cansancio de la propia imaginación,
en la carretera de Sintra, cada vez más cerca de Sintra,
en la carretera de Sintra, cada vez menos cerca de mí...

Comentarios

alicia ha dicho que…
Y no será todo gigantesca idea de? Idea de vida, de amaneceres lejanos, de pieles que nunca vestiremos, hasta idea de pasadas ensoñaciones que solo nosotros dibujamos...
Creo que tienes razón. Supongo que este remover nuestro tedio con la cucharita del café nos convierte en ideologas empedernidas. Escribir, en el fondo, es amasar esas tiernas y a veces pesadas fantasías.
Tu blog me encanta y por fin me manifiesto. No lo pasaré de largo a bordo de un chevrolet ajeno.
Un abrazo de humo
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Quizás...
Bienvenida y siempre que quieras...

Abrazos
Isabel Romana ha dicho que…
Una vida feliz, sólo porque no es la mía... Qué certera y agudamente señala Pessoa esa disconformidad profunda, ese descontento que arraiga en tantos corazones y les impide ser felices con lo que son. Qué terrible. Y qué común... Besos, querida amiga.
Sirena Varada ha dicho que…
¿Dejamos los sueños a nuestras espaldas o son ellos los que nos dejan a nosotros?

Tienes razón, María Antonia, amamos las ideas. A mí más que entusiasmarme la idea de levantarme del sofá una tarde perezosa y escribir una historia, me entusiasma la idea de acostarme en el sofá, una tarde perezosa de Domingo, con matita, y leer algo gratificante, al mismo Pessoa... Uffffffffff... Desde luego que eso le da significado a toda una tarde, a todo un día.

Besos, amiga.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Hola Isabel, Sirena... tenéis razón las dos... y Sirena, tu plan también es genial.

Besos