Cómo me gusta mi pueblo

Seguro que les ha pasado alguna vez. Un encuentro profesional, una conferencia, una jornada. Pongamos que hablamos de Barcelona, o de Alicante, o de Madrid, pongo por caso. Pongamos que hablamos de una jornada sobre Centros de Salud en municipios rurales. Pongamos. El coordinador del centro acude con el señor Alcalde o el concejal de turno. Hasta ahí, estupendo. Ya es hora de que los responsables políticos acudan a foros profesionales, que escuchen a los que entienden de eso, que se mezclen, ya es hora. Pero, ay.
El evento empieza. Hay pueblos de toda la geografía española, secos como el trigo amarillo, verdes al lado del mar, románicos, chiquititos y muy grandes, donde llueve mucho y donde hace mucho calor y está bien que así sea, oigan. Que así tenemos una panorámica de la situación, una panorámica real, no crean.
Habla el primer alcalde. Es un tipo campechano, sencillo, que despierta más de una risa entre el respetable. Este hombre sirve para animar una noche aburrida, ya les digo. Se remonta al siglo XI, para demostrarnos que su pueblo tiene historia, y lo creemos. Y cuenta, con pelos, señales, pelusillas y cicatrices, su elección como alcalde, que este año hace 30 que lo es y por algo será, vaya. Y la cosa se alarga, mientras nos describe lo bien que se vive en el pueblo, la de bodegas o algo así que hay, etcétera, etcétera, etcétera. Para cuando empieza hablar el coordinador del Centro de Salud, ya casi no hay tiempo.
Esperen, esto parece que se arregla. Ahora viene otro pueblo, más pequeñito, muy seco, con muchos problemas de agua, y el alcalde promete ser breve porque aquí venimos a lo que venimos, nos dice y suspiramos tranquilos, pero hete aquí que no, que era otro espejismo, ¿qué es resumir?, ¿qué es brevedad?, ¿a qué hemos venido aquí?
Hay una concejala que nos intenta convencer de lo bello y libre que se vive en su pueblo y, de verdad, palabrita del niño Jesús, que sí, que la voto. Hay otro alcalde que está tan orgulloso de su pueblo, tan lindo, tan verde, tan monumental y tan artístico que nos enseña fotos y más fotos y dan ganas, oigan, de reservar ya una habitación en ese hotel tan chulo. No habrán hecho planes para las vacaciones, ¿verdad?
Llegados a este punto, concluimos que lo que nos parecía un acierto, no lo es tanto, vamos a ser claros y breves (se lo prometo). Ha sido un error. Aquí alguien se ha equivocado. O los asistentes que no sabíamos que veníamos a una charla sobre las excelencias de los municipios de los Señores Alcaldes, o los Alcaldes, que no tenían ni idea de que aquello era un encuentro profesional, o los coordinadores de los Centros de Salud que no tuvieron fuerzas para negarse a ir con sus alcaldes, o los organizadores que no supieron organizar el tinglado. Ustedes dirán.

Comentarios

Graciela Diana Pucci ha dicho que…
Hola Marian, qué bueno este relato, me pareció, mientras leía, estar viviéndolo.
Un abrazo enorme, desde Buenos Aires, Argentina
Isabel Romana ha dicho que…
He estado sonriendo todo el rato. Hace mucho que no asisto a uno de esos encuentros profesionales, pero conozco el modelo. No hay como ir a uno de esos congresos para hacer turismo virtual. Besitos, guapa.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Querida Graciela, un abrazo desde aquí, al otro lado del océano...
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Efectivamente, Isabel. Virtual... y a veces muy real, cuando el alcalde en cuestión lleva una botella de vino o un trozo de queso!
Un besito