

Un café caliente, entre cristales holandeses, camareros que parecen marinos, lámparas de teatro y angelotes.
Los vagabundos nos miran, tras los cristales, con hambre. De amor y de la otra.
Es el Majestic, en Oporto.
Es la vida, en cualquier sitio. Como un fado. Como un cielo gris. Como una gaviota solitaria.
Como el mar en invierno.
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