Gaviotas, mosaicos, mar...


A Cascais se exiliaron los nobles de otras partes de Europa.
Hoy, los antiguos palacios afortunados son hoteles; los que no han podido superar la desgracia de la soledad dan asilo a gaviotas y malas hierbas. Unas y otras habitan en sus tejados de cucurucho de hada, ensucian el enlosado, dormitan sobre los mosaicos de olas.

El mar es azul y blanco en Cascais. Azul de olas que se mecen, blanco de velas que bailotean. La luz del faro ilumina la bahía y el paseo es relajante, un punto melancólico, como todo paseo junto al mar, bajo un cielo que no siempre es lapislázuli.

En la Boca del Inferno los pescadores aficionados afilan sus cañas en las rocas. Eterna lucha de vida y muerte.

Hay una plaza y bancos para mirar más allá del horizonte.

A Cascais llegaron los nobles exiliados. Hoy es un buen lugar para exiliarse del ruido, de la vida cotidiana, y dejarse querer en el murmullo de olas y en las maravillosas casas viejas que tachonan sus paseos.

Comentarios

Sirena Varada ha dicho que…
Retomo hoy tu blog desde esta evocadora entrada; me gusta leerte sin prisas, paladeando cada una de tus frases.
Mi querida María Antonia, hay palabras amigas de fuego graneado que matan, y las tuyas son de las que devuelven la vida.

Desde la admiración y el afecto, recibe un fuerte abrazo.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Mi querida Sirena, un placer para mí que vuelvas... muchas gracias...

Un abrazo