El viento ligero en Parma


Fue un día raro y, por muchos motivos, memorable.

Las cosas no salieron como estaban previstas, pero al fin y a la postre, no salieron del todo mal; incluso hubo un par de detalles que salvaron el día.

Hubo un deambular de acá para allá.

Un abril azul.

Un hombre que parecía una estatua de arena.

Y un regalo: El viento ligero en Parma de Enrique Vila-Matas.

Fue un día un tanto incomprensible en el que los sucesos se desordenaron, caprichosos, pero hubo algunas cosas para recordar.


Dice Vila-Matas: A Lisboa hay que verla en el tiempo exacto de un sollozo. Verla toda entera con la primera luz del amanecer, por ejemplo.


Igual le sucede a aquel día lejano. Lo recuerdo en un destello, en una risa, en un pincho gigantesco de tortilla, en una merienda colosal, en un ir y venir y en un regalo inesperado y, por lo mismo, hermoso.


Aquel día fue como El viento ligero en Parma, insospechado, quizás inoportuno, tal vez confuso y desarreglado. Un día de amistad.

Comentarios

Sirena Varada ha dicho que…
El viento, incluso ligero, es peligroso. Con su mano invisible mece la vida a su antojo. El vaivén sordo del aire se pierde en los contornos del cielo. La amistad también es peligrosa. También es vaivén. Pero ayuda a vivir.

Un abrazo
Isabel Romana ha dicho que…
Te felicito por haberlo vivido y saberlo contar así... Besos y feliz fin de semana.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Querida Sirena... cierto, la vida es vaivén.

Abrazos
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Hola, Isabel. Bueno, fue un día de lo más raro. Pero me quedó muy buen sabor de boca (razones no faltaron).
Espero que tu fin de semana haya sido genial.
Besos