El músico loco

Inspirado en una historia que contó cierto músico en una entrevista.


Ahora que he crecido, que me he hecho mayor y tú también, me acuerdo de aquellas noches en las que te espiaba; me acuerdo de ti, empapado en güisqui, y oigo de nuevo los timbrazos y las voces airadas de los vecinos y la risa de mi hermana y el peligro.

Caía la noche sobre la Plaza del Diamante y tú venías, y llamabas y ella reía, y pum, como si fuese el tapón de una botella de vino o el estampido de un cohete en las fiestas, aparecías y le decías, señorita, sepa usted que la quiero y ella, que aguardaba ese momento como los niños la llegada del tren a la estación de su pueblo, reía y los hombros se le estremecían bajo el paraguas de su risa inclemente.

Nunca me viste, yo era la que levantaba la cortina, yo era la que espiaba cómo llegabas y cómo te ibas, cantando siempre, aquello de señorita, sepa usted. Había noches que venías solo y otras acudías en compañía de otro músico tan loco como parecías estarlo tú cuando cantabas a las estrellas; que la quiero.

Me he hecho mayor y tú también, porque ahora quince años no parecen tener importancia. Tú no me conoces, pero yo a ti, sí, y cada vez que te veo en la televisión o escucho una canción tuya en la radio me pregunto cómo hubiera sido mi vida si tú me conocieras, si me hubieras visto, pequeña y con trenzas, levantando la punta de la cortina blanca, con el corazón como un conejo asustado, oliendo el aroma de una peligrosa aventura.

Nunca supiste que existía, ahora, tampoco, y quizás, si me conocieras, te reirías, igual que lo hacía mi hermana en esa otra vida que quedó tan lejos.

No fue difícil enamorarse del músico vestido de negro que cantaba a las estrellas, aunque fuera porque estaba un poco bebido, porque había perdido la vergüenza y no temía a la verdad. No fue difícil, no, lo dicen todas las canciones y todos los poemas después de que lo dijera el poeta chileno, ya lo sabes; es tan largo el olvido que el amor pareciera un pequeño sorbo de vida.

Y si me conocieras... ¿qué pensarías? ¿Qué te parecería yo, la hermana pequeña de aquella mujer hermosa, casi como la otra, la Colometa de la Plaza del Diamante? Ahora ya no soy una niña, quince años no tienen importancia, me he hecho mayor, tú también. Pienso que igual te gustaría recordar aquellos tiempos en los que componías en los bares y escribías en las servilletas, mientras bebías copas y, al terminar, eufórico de música, bebida y deseo, te llegabas a mi casa y lo intentabas, sin esperanzas, sin otro anhelo, por si acaso, nunca se sabe. Señorita, sepa usted que la amo.

Y si me conocieras, ¿qué impresión te llevarías de mí? Tienes canas, te tiñes el pelo, yo también, ya soy mayor, tú también, ¿te caería bien? ¿Te sería simpática? ¿Hablaríamos?

Ya sé que nunca supiste de mi existencia, ni aún hoy que hemos crecido y nos hemos hecho mayores y te estoy viendo en 30 televisores, en este centro comercial, un sábado por la tarde, porque he venido acompañada a comprar un televisor LCD, porque mi amor se domesticó, se terminó domesticando y, claro, no es la peor manera de que acabe un amor, las hay peores: traiciones, asesinatos por la espalda. Pero el mío acabó así, domesticado. Y, ya ves, yo aquí en este centro comercial un sábado por la tarde; tú en 30 pantallas, y yo que no puedo evitar pensar que si me hubieras conocido, que si me conocieras... quizás, tal vez, existiera una posibilidad... de que te enamoraras de mí.

Comentarios

Sirena Varada ha dicho que…
Querida Mª Antonia, ya me he vuelto a poner al día en todos tus relatos. Venir a tu blog a leerte es una de las mayores satisfacciones que me proporciona este mundo virtual.

Me pregunto cuando pasará al papel y a la tinta impresa, tu siempre relajante y sobre todo deliciosa e inspirada literatura. Hasta entonces no dejes de escribir aquí, es de agradecer.

Un abrazo muy fuerte.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Querida Sirena, gracias por estar, leer y escribir.
Tus comentarios son uno de mis acicates para seguir escribiendo en este mundo virtual.
Otro abrazo para ti, muy, muy fuerte.