Coleccionista

De un tiempo a esta parte me he vuelto coleccionista. Serán cosas de la vida, o de la profesión, o que cada uno tiene sus manías.
Soy coleccionista de personas que leen o escriben. Me parece fascinante que un chico de diez años escriba entre traqueteos de un viejo tren.
Me admira que tres niñas lean viñetas de Mortadelo y Filemón, mientras esperan que el bus llegue y las lleve a la biblioteca, para cambiar los tebeos que releen por otros, nuevos para ellas.
También me gusta fijarme en los títulos de los libros, en las cubiertas, en los dibujos. Ayer vi un gran cerdo en el libro de una muchachita. Y me gusta saber si el libro es de una biblioteca, si se lo han prestado o se lo han regalado, o quizás, si lo ha comprado en la librería de una estación, antes de emprender el viaje. Algunas veces la información es escasa y tengo que fantasear.
Hay libros que reconozco y entonces, si ese hombre, esa mujer, ese niño, no han llegado al final, sonrío con suficiencia: yo sé el secreto. Hay libros que reconozco como esos libros que tengo pendientes de leer y entonces la suficiencia vuela, ellos tienen el secreto, yo lo tengo, aún, vedado.
Soy coleccionista. A sabiendas que esos niños que prefieren leer o escribir antes que jugar a la PSP no serán por ello mejores (¿o sí?), más inteligentes (¿o sí?), pero... a mí me reconforta verlos.

Comentarios

Isabel Romana ha dicho que…
Y a mí también. Y fíjate que yo sí que creo que serán mejores. Será cosa de mi optimismo. En cuanto a tí, permíteme que te diga que no eres una coleccionista: eres, como yo, UNA ENVIDIOSA. Seguro que querrías tener ese libro que tiene el otro... Me gusta esta entrada de vida cotidiana. Besotes.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Tienes toda la razón, para qué me ando con rodeos. Es pura y simple ENVIDIA. :-)

Un beso querida Isabel.