Noches de hotel

Una, que no es experta viajera, ni ha sobrevolado el Pacífico más allá de unos ojos chilenos, ha pasado (como muchos de ustedes, seguro) alguna que otra noche en un hotel. Hay hoteles para todos los gustos, no cabe duda.
Recuerdo unas noches en un alojamiento de una ciudad mediterránea, noches que, indefectiblemente, huelen a perfume de club de carretera, suenan a los Bee Gees y Michael Jackson, tienen la textura de la moqueta rosa desvaída.
Hay otras noches que han quedado impregnadas del aroma del té y de huevos rotos, estampados. Conservo la imagen de un hotel decadente, de techos altos y cama desangelada, con el ruido de los fuegos artificiales y el sabor amargo del alcohol que beben los otros.
Hay por ahí alguna que otra noche gozosa en la que se adivina el rumor del mar, de la playa negra, de los retratistas que buscan clientes a los que caracterizar.
Noches de hotel hablando en pijama, riendo, haciendo amistad. Y comiendo una manzana y unas galletas.
Noches de hotel de segunda categoría en una ciudad mediterránea, las camas estrechas, la ciudad inmensa, llena de ramblas de promesas y en la televisión una serie de detectives que investigan casos de hace más de diez años.
Noches en camas gigantescas. Noches en camas de noventa centímetros y sábanas ásperas. Algún albergue en un castillo. Algún castillo que parece un albergue. Y noches solitarias en las que la ventana del hotel de turno da a un patio interior y en la cama, las piernas se quedan frías, con ese frío que sólo dan las habitaciones y las camas vacías de un hotel y que la manta escondida en el armario no alivia.

Comentarios

Isabel Romana ha dicho que…
Al ir leyéndote me parecía estar viendo en imágenes las escenas. Hay mucha melancolía en ese transitar por un lugar que no es nuestro, que nunca llegará a ser nuestro y que, sin embargo, parece asomarse algunas veces a nuestros secretos. Te confieso que no me gustan los hoteles, aunque lógicamente los he de utilizar. Quizá precisamente por ese filo doloroso que tienen. Besitos, guapa.
Belinda L. Black ha dicho que…
Y qué haces tú tanto de hotel en hotel, eh??
Aurefaire ha dicho que…
me diste un tour por las habitaciones de esos hoteles, ficticios o reales...
abrazos para esas noches de camas vacias !!!!!!!!

besitos de hada amiguiz!!!!!!!!
Sirena Varada ha dicho que…
De todas las noches de hotel, me quedo con aquéllas “hablando en pijama, riendo, haciendo amistad” (bueno y alguna gamberrada que otra, y la tuna cantando en la calle…) Fue hace tantos tantos años, en Salamanca, en un viaje de estudios. Qué pena, que las había olvidado y qué pena que sean irrepetibles.

Un saludo Mª Antonia y gracias por hacerme recordar aquellas noches de hotel.
Anónimo ha dicho que…
En mi caso tampoco soy una experta viajera.
Me ha gustado eso de "ni ha sobrevolado el Pacífico más allá de unos ojos chilenos", habitualmente viajó de ese modo, como imagino algunos también harán, a través de las fotos que registran otros ojos y también leyendo relatos como el tuyo, cuyas palabras permiten acceder a olores, texturas y matices.

Desde el Pacífico, con letras de chilena.
Ya lees la percepción es selectiva.
saludos.

Cecilia
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Hola, Isabel. Pues sí, lo cierto es que cuando una ya lleva unos cuantos la sorpresa disminuye y los inconvenientes aumentan... pero, claro, no tenemos más remedio... besos
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Secreto, secreto, Belinda... je je
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
¡Hola, Aurefaire!
Besos
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Un beso, Sirena. Bien, te has quedado con las noches más gozosas. Me alegro que te haya traído buenos recuerdos...
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
¡HOla, Cecilia! Qué alegría que estés por aquí. Gracias, amiga. Un beso