
Recuerdo unas noches en un alojamiento de una ciudad mediterránea, noches que, indefectiblemente, huelen a perfume de club de carretera, suenan a los Bee Gees y Michael Jackson, tienen la textura de la moqueta rosa desvaída.
Hay otras noches que han quedado impregnadas del aroma del té y de huevos rotos, estampados. Conservo la imagen de un hotel decadente, de techos altos y cama desangelada, con el ruido de los fuegos artificiales y el sabor amargo del alcohol que beben los otros.
Hay por ahí alguna que otra noche gozosa en la que se adivina el rumor del mar, de la playa negra, de los retratistas que buscan clientes a los que caracterizar.
Noches de hotel hablando en pijama, riendo, haciendo amistad. Y comiendo una manzana y unas galletas.
Noches de hotel de segunda categoría en una ciudad mediterránea, las camas estrechas, la ciudad inmensa, llena de ramblas de promesas y en la televisión una serie de detectives que investigan casos de hace más de diez años.
Noches en camas gigantescas. Noches en camas de noventa centímetros y sábanas ásperas. Algún albergue en un castillo. Algún castillo que parece un albergue. Y noches solitarias en las que la ventana del hotel de turno da a un patio interior y en la cama, las piernas se quedan frías, con ese frío que sólo dan las habitaciones y las camas vacías de un hotel y que la manta escondida en el armario no alivia.
Comentarios
abrazos para esas noches de camas vacias !!!!!!!!
besitos de hada amiguiz!!!!!!!!
Un saludo Mª Antonia y gracias por hacerme recordar aquellas noches de hotel.
Me ha gustado eso de "ni ha sobrevolado el Pacífico más allá de unos ojos chilenos", habitualmente viajó de ese modo, como imagino algunos también harán, a través de las fotos que registran otros ojos y también leyendo relatos como el tuyo, cuyas palabras permiten acceder a olores, texturas y matices.
Desde el Pacífico, con letras de chilena.
Ya lees la percepción es selectiva.
saludos.
Cecilia
Besos