¿Me escuchas?


Hola, qué tal, cómo te va. Estás más gorda, ¿eh? Te has cortado el pelo. Ay, qué lata, esta noche no podré cenar en el jardín, fíjate qué tiempo, no parece verano. Me han propuesto un viaje para otoño, pero tengo taaaaaaaaaaannnnnnnntassssssssss actividades que...

Nada de ¿Estás bien? ¿Eres feliz? ¿Estás mejor?

Al comentario de que estás pasando una mala racha, que los días parecen desplomarse junto a ti y ser grises acero, y que estás cansado o cansada, y triste, y que no sabes muy bien cuál es tu norte y dónde demonios está el sur... tal vez, alguien te dice, qué lata. Hoy parece que va a llover y se nos va a estropear el viaje, fíjate tú. Con la ilusión que nos hacía ir a Disney sobrevolando un cielo azul.

Comentarios

Isabel Romana ha dicho que…
En general, nos falta ser más sensibles y receptivos. Hoy día, casi nadie quiere saber nada de las penas del otro: todo ha de aparecer como perfecto. Y así como no escuchamos a los demás, también se ocultan las propias penas detrás de una apariencia de superficialidad. ¿Será esto la postmodernidad? Besitos, querida amiga.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Tienes razón, Isabel. Bien es cierto que, también, nos encontramos a menudo con gentes a las que nada parece irles bien. Si se van de vacaciones, porque se van, si se quedan porque se quedan...
Creo que un punto de frivolidad es gracioso... pero no perdamos la sensibilidad.

Un abrazo grande, Isabel.