Como un personaje de Auster, 2

Y mi historia de amor podría ser austeriana si no fuese porque ella no se llama Linda, ni Jane, sólo Juana, Juanita, Juana y yo no me llamo Peter, ni John, sólo Paco, Paquito, Paco. Dicho así parece vulgar, más propio de una película de los años cincuenta, de las de Alfredo Landa, de las de risa, las que veíamos los sábados por la tarde y no en Cine de barrio, porque entonces todas nuestras películas eran así, de barrio, en blanco y negro, con gallinas y boina en el pueblo y una Concha Velasco que quería refinarse y se ponía minifalda y se dejaba las rodillas al aire. Y dicho así, qué vulgar es todo, y sin embargo, ella se llama Juana, Juanita, y yo, Paco. Y esta ciudad nos ha visto en una terraza bebiendo cerveza y comiendo calamares. No soporto tantas ventanas mirándome, diciéndome, ya Paco, ya, qué más quisieras, Peter o John, Linda o Jane, y que tu historia fuese un poco menos vulgar, menos cotidiana, más exótica, Paco.
Pero así es la vida, ella se casó conmigo porque yo se lo pedí y no supo, o no quiso, o no pudo decirme que no, que no quiero Paco, que no te quiero, que no te he querido nunca. El otro día me lo dijo, pero es que ahora no sé si nuestra historia es de risa como aquellas películas viejas, o es el final, o fue el principio. Me casé con ella quizás porque la besé mientras nos custodiaba la Catedral Vieja, en el Patio Chico, y ella no me dio un tortazo, no, ella me besó también y aquello era nuevo, me besó y yo la seguí besando mucho rato y al final de aquellos besos tan mojados, tan inexpertos, tan antiguos, me enamoré, quise enamorarme, lo intenté con empeño y tanto empeño le puse que lo conseguí, y nos casamos. Ha pasado mucho tiempo y nuestra historia nunca me pareció de risa, no, hasta hoy que lo estoy pensando despacio, nuestra historia era una plaza redonda sin esquinas ni dobleces, una plaza en la que estaba todo claro y limpio y ordenado, y así me parecía nuestra historia, una plaza redonda con árboles y bancos y hasta niños jugando y viejos sentados y palomas picoteando pan en el suelo, alrededor de una estatua. Pero no, no fue así, yo lo imaginé, lo quise, lo pensé, puse empeño, insistencia, como cuando estudiaba matemáticas y tenía que aprenderme las reglas, las reglas, sí, pero resulta que nuestra relación no era de reglas fijas, ni de normas escritas en un libro de texto y no era redonda, ni plaza, ni había bancos, ni árboles y estaba deshabitada desde mucho tiempo atrás.

Comentarios

~ ha dicho que…
Fue la casualidad o la curiosidad lo que me llevó a este blog desde el de Cendra
El caso es que tras leer Como un personaje... I y II me quedo con un gran momento de lectura.Muy bueno el paralelismo entre la realidad de la ciudad y el mundo ficción.Así como lo que se escondía tras un beso.
Genial
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Bienvenido, me alegra mucho la casualidad y la curiosidad, así como que hayas pasado un rato entretenido. Gracias!