Frases míticas

Seguro que les ha ocurrido alguna vez. Seguro. Y se han abochornado. O eso, o es que son políticos y no me parece probable, que si lo son, estén leyendo en este instante este post.
Este domingo he llamado a una buena amiga. Y hemos estado comentando. Esas frases memorables, lapidarias, abruptas, estoicas y escépticas, hasta polémicas. Por ejemplo.
Jamás, pero vamos, que nunca, nunca voy a tener un chisme de esos. Menuda horterada. Parece un ladrillo. ¿Qué necesidad hay de estar localizable en todo momento, en cualquier lugar, a toda hora? ¡Ni que fuera un ministro! (primeros años 90, respecto al móvil). Años después, vas por el sexto, séptimo hasta dentro de cinco minutos, porque le has echado el ojo a uno que tiene blue tooth, cámara, mp4 y es rosa. Ea. Y, de pronto, ante la puerta de la tienda, con tu sexto móvil en la mano, recuerdas. Y te abochornas o te ríes, o las dos cosas. A esas frases me refiero.
Unas cuantas. Yo no sirvo para estudiar. Y estás terminando la tesis doctoral: La relación entre el apareamiento de la mantis religiosa y los números primos. Estoy en Madrid un par de años, acabo el master y al pueblo, a estar tranquilo, con mis amigos de toda la vida. Quita, quita. Que mi sitio está allí, no aquí. Y ya van para 8. Los años, digo.
Y es que la vida cambia, tú cambias y donde dijiste diego, ahora es digo, y viceversa.
Jamás saldré con un chico con gafas. No los soporto. Y veinte años después descubres que estás casada con uno desde hace diez, que tú llevas gafas desde hace cinco (será por aquello de dos que duermen en el mismo colchón…) y que tu par de churumbeles, a la sazón un nene y una nena de cuatro y dos, llevan anteojos porque no ven ni los dibus en un burro, ni en bici. Que sois todos miopes. Ea.
Y así con todo. Que dices, yo, yo en este lugar nunca viviré, qué va. Yo soy de ciudad, esto me queda pequeño, yo trabajo y a la ciudad, no, no, yo aquí no me veo. Y te ves al cabo del tiempo, con piso, garaje, trastero y apuntándote al gimnasio. Y no sabes cómo. Lo peor es acordarte o que te lo recuerden. Y si es por cuestiones sentimentales, peor. Eres una mujer moderna, independiente, nada celosa, tú, tu vida, tus viajes, tus cosas, tus aficiones. Él, lo mismo. Y de pronto, te encuentras a alguien del ayer que te mira asombrado. Pero, ¿cómo? ¿Que se ha ido de viaje solo? ¿Y no te mueres de celos? Pero si tú no soportabas que se fuera sin ti a ningún sitio. Que parecíais los amantes de Teruel, que lo vuestro era aquello de sin ti no soy nada. Y tú no te reconoces, qué va, tú eres libre y razonable y eso no te suena, no, aunque dudas, y ya no sabes si es que estáis muy bien ahora, tan libres, tan solos, tan independientes, o es que el amor es un cuento que acabó y ya no estáis y tú sin darte cuenta.
Es lo que tienen las frases míticas. Que las pronuncias y te quedas tan ancho. Nunca más volveré a rizarme el pelo, lo mejor es llevarlo natural, liso. No. Te pongas como te pongas, no me vas a hacer rizos, Puri (o la peluquera de turno). Y al cabo de los años Puri (o Pepi, o Jose) te encuentra por la calle con un peinado estilo afro y tú, que recuerdas de pronto esas charlas a pie de secador, con el café de máquina en vaso de plástico quemándote la mano, que no, que nunca más, que no me sientan bien, te pongas como te pongas. Ea.

Comentarios

Amaranta ha dicho que…
Jajaja, yo sé de una que nunca jamás en la vida iba a estudiar Derecho...jajaja...
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Buena frase, Amaranta, buena...
Sirena Varada ha dicho que…
Esas frases míticas tienen también algo de malditas pues se convierten en premoniciones más que en propósitos... Si yo te contara, lo mío sería empezar y no acabar.

Por cierto, que lo que sí es propósito y realidad es mi viaje a Japón.
(PD. Me encantó que me visitaras en el blog. Muchísimas gracias)
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Hola, Sirena...
qué bien lo de Japón... disfruta mucho ¿sabes hablar japonés?

Tienes razón se vuelven malditas...

(Un placer visitarte, a partir de ahora, lo haré más, gracias a ti por venir aquí)