No quise. (El blog de Sara, X)

No quise que Zoé fuera al supermercado y me viera fregar las estanterías y bregar con las bolsas de comida, tras señoras con abrigos de piel y perrito adosado. No quise. Ella no lo entendió. No quise que me viera, las manos manchadas de aceite, la bata bicolor, las zapatillas y las horas largas. No quise. Tal vez si hubiese ido, habría entendido que Rosario la cuidaba no porque yo no quisiera, no, sino porque maldita la gracia que me hacía estar allí, rodeada de polvo de detergente e impregnada de olor a lejía, hasta el último pelo de la cabeza. Tal vez. Aunque no sirve de nada lamentarse, qué va.
Con todo, no quiero parecer injusta. No. Tuvimos días bonitos, me acuerdo de la fiesta que organicé por su cumpleaños. Cumplía diez. Yo ya no trabajaba en el supermercado del comienzo, ya había pasado aquello. Trabajaba en otro, en el que las mujeres nos mirábamos como seres humanos. Qué sencillo.
Hice una tarta de chocolate, llamé a varios de sus compañeros de clase y le compré un vestido estampado en azules. Zoé no quiso soplar las velas, ni comer tarta, ni abrir los regalos. Se quedó callada, los ojos fijos. Yo me enfadé. Los niños querían pasarlo bien, lo había hecho por ella y ella… chillé. Mucho y fuerte. Hasta que Rosario me calló con la mirada, tomó de la mano a Zoé y le cuchicheó algo al oído, un sortilegio de alegría, quizás. Entonces, todo cambió. Abrió los regalos, comió un buen trozo de tarta y bajó a la calle a jugar. Yo me acosté y lloré.
Pero no quiero ser injusta, sé que hice muchas cosas mal, que la adulta era yo, que ella era una niña. Después, todos los años, Zoé me daba las gracias, sonreía, se le iluminaba la cara al abrir los regalos, comía mucho pastel y bebía limonada. Yo tenía mucha envidia de mi pobre Rosario. Es que a veces queremos y no nos quieren como quisiéramos. O no sabemos querer. O no saben. O no imaginamos ser capaces.
Estoy muy orgullosa. Estudió y ahora es profesora, sé que tiene una buena vida y que ha decidido tener sola a su hijo. Es su decisión y yo la acepto. Quiero que sea feliz. Nada más. Nada menos.
Prometo publicar más a menudo. Gracias por pedir más.

Comentarios

Sirena Varada ha dicho que…
"... que la adulta era yo, que ella era una niña..." Es bonito leer entre líneas que cada uno ha de jugar su papel, incluso cuando parecen estar intercambiados y la que hace de niña manifiesta el rigor, y la que hace de mujer tiene que esconder la ternura.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Hola, sirena...
un abrazo...