Sutura. (El blog de Sara V)

Para ser justa con Manuel no puedo renegar del todo de la vida que me ofreció entonces. No.
Tenía seguridad, aunque después comprobé que se cimentaba en un montón de mentiras, como una pirámide hecha de palillos. En fin. Así es esto, creo. Tenemos falsas seguridades. Esto a mí no me va a pasar. No. Me quiere. Sí, a su manera, pero me quiere. Qué le vamos a hacer. Somos seres humanos frágiles, no dioses. Ni falta.
Pues sí. Manuel me dio una vida regalada, de vestidos caros y joyas preciosas. Tuvimos una hija muy hermosa y yo vivía en una gran casa con balcones repletos de macetas. La casa se ventilaba por las mañanas y las criadas ponían flores frescas en los jarrones. Nunca hubo nada mustio en aquel lugar. Mejor dicho, nunca se marchitaron ni flores ni plantas. Yo me encargaba de la ropa de la niña, del baño, del alimento, de que no le faltaran canciones dulces a la hora de dormir. A pesar de eso, le quería más a él. No me importaba, entonces no. Después sí, después se me aturdió el alma, se me envenenó la sangre, no podía soportar aquel cariño incondicional. Eso no nos ayudó, ni a Zoé ni a mí.
Los veranos íbamos unos días a un pueblo que se recostaba en un acantilado bañado por el mar. Los embates de las olas blancas eran tan apasionados que me sonrojaba recreando otras luchas libradas en la habitación del hotel. Eran días maravillosos porque estábamos los tres solos y Manuel se comportaba como antes, al principio. Zoé parecía una estrella. Yo los miraba y sentía que eran todo. Pues sí. La vida que tenía no me parecía tan mala. No tenía que contar el dinero antes de ir a la compra, ni acumular recibos en la repisa de la cómoda para decidir trabajosamente qué podía esperar y qué no. No tenía que sacar el bajo de los vestidos de la niña, ni observar preocupada las suelas de sus zapatos. Para ser justa.
Si me pongo injusta recuerdo las horas que caían como lluvia sobre mí. Los olvidos. Los descubrimientos inoportunos. Una sortija que no era para mí. Las decisiones sólo de él. Las protestas sólo de él. La vida interesante, sólo para él. La niña, por él.
Por fortuna, cada vez estoy menos resentida. Las heridas cicatrizan, aunque hay que tener cuidado de los puntos, a veces tiran un poco.

Comentarios

Sirena Varada ha dicho que…
Querida mª antonia, ha sido un placer poder leer los dos últimos capítulos de una vez y avanzar en la historia. Dices que somos seres humanos frágiles no dioses, y es cieto, pero ese ser humano que eres tú es también una magnífica escritora.
Un beso
Pau Llanes ha dicho que…
DESPEDIDA: Vengo a despedirme… Fue un placer leerte y saber que alguna vez también tú leíste los textos de Pau Llanes… Un saludo fraternal y un abrazo cómplice… Pau
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Hola Sirena. Bueno, ¿qué decir?
Aprendiz, tan solo. Me alegro que la historia te guste.
Otro beso para ti.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Bien, Pau... Hasta que tú quieras. Por aquí seguiremos, por si decides volver.
Un abrazo.
Isabel Romana ha dicho que…
Los celos hacia los hijos son terribles. Quizá los peores, porque destruyen en todas direcciones sin piedad. Manejas muy bien la información, querida amiga. Eres una maestra. Besos.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Hola, Isabel. ´
Gracias... besos para ti también.