Desasosiego. (El blog de Sara VI)

Manuel desapareció, pero no lo hizo del todo. Estaba su presencia entre mi hija y yo. Como un fantasma. Peor. Si hubiese muerto, sabría que no volvería a aparecer en nuestros días, porque tenía miedo. A pesar de lo que le dije a Zoé, no las tenía todas conmigo, había momentos en los que la angustia se aliaba con la ira y sufría de una ansiedad que se me antojaba antigua. ¿Y si él volvía y se llevaba a Zoé? Por aquellos años caí en la cuenta: desde que nació la niña tuve miedo de que Manuel me la robase, que se la llevase con él. Y tenía mucho más miedo al comprender que no hacía falta que se la robase, porque ella se iría de buena gana con él. Y me dejaría.
Una noche, cuando ya Manuel había desaparecido y los acreedores nos despojaban de todo cual amantes apasionados, me acosté en la cama de Zoé y la abracé tan fuerte que, sin querer, la desperté.
Entré en una especie de trance histérico, cantando una frase ritual una y otra vez para exorcizar los demonios del miedo, mi hija no, mi hija no, mi hija no, mi hija no, mi hija no. Ella se durmió de nuevo acunada por la extraña letanía y yo seguí durante horas hasta que el alba se coló de rondón y sentí la garganta seca y una extraña determinación que hizo que me levantara. Mis lágrimas mojaron el pelo de mi hija y me dejaron el ánimo derrotado. Y desde esa noche el desasosiego me acompañó junto a la cólera. Un día desaparecieron, pero mientras. Ay.

Comentarios

Amaranta ha dicho que…
Porque ya sé como termina que si no, vaya intriga....

;-)

Bechitosss
Sirena Varada ha dicho que…
Pues yo no sé como termina, y desde luego que sí; menuda intriga y qué entregas tan cortitas, que se leen en un suspiro. Pero esto no es una queja, faltaría más, sólo que me encanta como escribes, mª antonia.
Un beso
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Hola Sirena. Gracias... espero que el final no te decepcione...
Un beso