La luz. (El blog de Sara I)*

Pasó tiempo, ya mi pelo no es negro. Pasaron los días que no volverán, como aquellas oscuras golondrinas, pero ésas, mi señor Gustavo Adolfo, no retornarán. No. Yo era una mujer que se deslizaba peligrosamente hacia los cuarenta, tenía una hija muy hermosa y me acababa de separar. Ya se sabe. El amor loco. Yo por él y él… vaya usted a saber. Eran tiempos… complicados. El dinero había que estirarlo como goma de mascar. Esto suena a canción de los ochenta, qué música tan maravillosa. Qué hace una chica como tú en un sitio como este. Bueno, pues ese es el quid de la cuestión. Qué hacía yo con una niña dolorosamente parecida a mi otra parte contratante. Por aquel entonces la niña tenía nueve años y era alta, con los ojos verdes y el pelo muy claro. Como su progenitor. Desde que nació había estado más unida a él que a mí. Los brazos de él eran su cuna, su cueva secreta, su casa natural. A mí me apartaba si intentaba mecerla, acercarme, darle un beso, peinarle un mechón rebelde. Sólo me toleraba si su padre no estaba cerca; a solas echábamos peleas de besos y yo la estrechaba contra mí, era mi golosina, una que me robé del quiosco.
Aquello se terminaba con el sonido de las llaves en la cerradura. Para mi hija era la sirena de la fábrica, el silbato del tren, la campana de la iglesia. Se apartaba, instintivamente al principio, después, cuando comenzó a gatear, andar y correr, volaba de mis brazos cual mariposa hechizada por la luz. La luz era él. Siempre lo fue.
La niña se llamaba Zoé. Se llama así también la mujer que quedó tras la pérdida de la niña en algún intersticio de adolescencia y minifalda excesivamente corta. Vive en Estados Unidos y es profesora de español. Está embarazada y no sé quién es el padre, confío en que ella sí.
Pasaron muchos años, más de veinte. Allí estábamos Zoé, su padre y yo. Él era el astro y a su alrededor girábamos la niña y yo. Un día se cayó, se coló por un agujero negro del espacio interestelar. Las dos salimos de nuestra órbita y empezamos a dar vueltas sin sentido, como polillas ciegas. Chocábamos la una con la otra en un vuelo enloquecido. Tardamos en ajustar nuestros tiempos. Si alguna vez lo hicimos.
*Inicio aquí la publicación de una especie de novela corta, que no ha tenido éxito ni en certámenes, ni en editoriales, ... pero que quiero compartir con vosotros. Gracias.

Comentarios

Isabel Romana ha dicho que…
El comienzo es muy prometedor, mª antonia, y no hay que hacer mucho caso de certámenes y editoriales, porque sus intereses no siempre coinciden con los nuestros. Tremenda la situación que describes, cuando una niña, ya desde que es bebé, rivaliza con su madre por el amor de un hombre. Quedo pendiente de las siguientes entregas. Besos, querida amiga.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Hola, Isabel, muchos besos.
Gracias por tu comentario, espero no defraudar tus expectativas. Un abrazo muy grande...
¿Y tú, cuándo publicas tu novela?
Anónimo ha dicho que…
Hum, hum, hum.....

HUM....me suena, hum....

Creo que sé el final.... a qué te lo destripo???

Juás, juás, juás....

Ce.

PS: para aquellos que leen este blog y se preguntan quién es esa loca que deja esos mensajes tan raros, decirles que no se asusten, que soy normal, de verdad de la buena....
Anónimo ha dicho que…
BUUUFFF, pos casi que me hacías un favor, que éso no se acaba, válgame, qué de páginas, madredelamorhermosoooo....

Bechosss...

Ceci.
Aurefaire ha dicho que…
mmm me ha gustado como inicia!!! veremos como sigue...
te mando besitos amiga!!!!!!!!
Sirena Varada ha dicho que…
mª antonia, gracias por compartir tu novela publicándola en el blog.
Yo estaré encantada de seguirla de principio a fin. Tu manera de escribir transmite y atrapa. Ellos (certámenes y editoriales se lo pierden)
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Isabel, sí, puede ser. El caso es que me he decidido a publicarla aquí. Y así, tengo otras opiniones...

Ceci, a que te doy!
Doy fe. No es rara. Ji ji
pero chssss ¿a que te digo el final de Un mundo sin fin, eh????

Besos
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Gracias Aurefaire
y gracias sirena varaa, abrazos!