esa humildad que cede sólo a la ley de la vida. Machado.

Siento una extraña fascinación por la encina. Quizás sea por el poeta sevillano de niñez rodeada de naranjos:
¿Qué tienes tú, negra encina
campesina,
con tus ramas sin color
en el campo sin verdor;
con tu tronco ceniciento sin esbeltez ni altiveza,
con tu vigor sin tormento, y tu humildad que es firmeza?
En tu copa ancha y redonda
nada brilla
ni tu verdioscura fronda
ni tu flor verdiamarilla.
Nada es lindo ni arrogante
en tu porte, ni guerrero,
nada fiero
que aderece su talante.
Brotas, derecha o torcida
con esa humildad que cede
sólo a la ley de la vida,
que es vivir como se puede.

O tal vez porque en el invierno, las hojas de las encinas se me antojan zarcillos de plata, y en los días azules, pendientes verdes que danzan, estremecidos por la visión de un toro magnífico, negro como la noche, noble y contento en medio de la dehesa.
Puede ser que en mis viajes a la Sierra de Francia, cuando me voy de Salamanca buscando un poco de sosiego y calma, miro por la ventanilla y me regocijo al ver el destello de las bellotas oscuras en las encinas.
Las conozco desde siempre, porque antes de llegar yo, ya estaban. Una vez descubrí un campo entero de girasoles dorados entre las encinas negras: un cuadro perdido de Van Gogh. Era un día de verano, y en el cielo se dibujó la estela de un avión. Qué lejos. Me pareció fácil, entonces. La calma. La serenidad. No estaba feliz, no, era un sentimiento cálido de dulce melancolía. Zumbaban los insectos, los girasoles resplandecían mientras las humildes encinas, sencillas, fuertes, seguras, seguían ahí, en medio, donde ayer, donde mañana. Cuando yo ya no esté, seguirán.
La primera vez que mi amiga con nombre de río e isla italiana, viajó por entre las tierras salmantinas, se asombró de tanta valla cercando a las dóciles encinas. No vio a los toros, se preguntaba qué era lo que guardaban las cercas de alambre y espinos.
A lo mejor era por si las encinas se marchaban y no volvían nunca, como en esa historia mágica de Potter. Qué iba a ser de los girasoles, entonces. Qué harían las flores malvas, las abejas, los aviones lejanos y la melancolía dulce. Qué haría yo.

Comentarios

Sentado ha dicho que…
Precioso, precioso, precioso. ¿conoces la carretera que va de Tamames a Linares por el puerto de la Calderilla?. Me pasaba por lamente mientras leía tu entrada.
Un saludo.
http://sentado-.blogspot.com/2005/02/encina.html
Isabel Romana ha dicho que…
Fui una vez, en otoño, a la Sierra de Francia, y creo que no la olvidaré nunca. No sabía que existieran en los bosques tantos colores. Una borrachera para mí. Comprendo muy bien la emoción que sentiste ese día, con las encinas, y las vallas para impedir la huida de los árboles, y el avión para recordarte que tienes alas... Un texto muy hermoso y evocador. Besos, querida amiga.
Clo ha dicho que…
acabo de encontrar una página perdida del principito....eso fue lo que pensé ni bien terminé de leerte. y lo sostengo.
opacaste a Machado. y me encantó.
un abrazo fuerte.
Aurefaire ha dicho que…
nos trajiste la melancolia en un vagon... hermosamente bello querida amiga!!!! te extrañaba!!!
q bueno es volverte a leer....
besos y mas besos de hada para vos
Blanca ha dicho que…
Encinas, mi árbol preferido desde niña...
Un beso.
Aurefaire ha dicho que…
mmm besos yabrazos y mas besos...
asi... porq si!!!! obviamente q de hada!!!!
Aurefaire ha dicho que…
mmm vine a dejarte besos de hadita con bufandaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
feliz miercoles!!!
Aurefaire ha dicho que…
jaaaaaaaaaaaaaaaaa de nuevo yo q molesta jajajaja
te dejo besitos de hada y q tengas una hermosa semanaaaaaaaaa
Isabel Romana ha dicho que…
Maria antonia, te estoy esperando...¡Regresa del otoño ya! Besos.
Aurefaire ha dicho que…
te extrañooooooooooooooooooo donde estas??? andas bien amiga????
besitos de hada con bufanda!!!!!!!!!
Aurefaire ha dicho que…
si si de nuevo yo... jajaja de nuevo sopa jajaja
es te extraño!!!
espero q andes bien amiga
te mando besitos de hada con cariz heladaaaaaaaa