Dulcinea

La vi una tarde en la ventana. El cielo se había maquillado en tonos rosas, a juego con el edificio.
Se desenredaba el pelo con las puntas de sus dedos. Tendida en el balcón, una prenda roja lloraba lágrimas de sangre. Yo, cabeza vuelta, mirándola a través de los cristales del autocar; ella, apoyada en el quicio, peinándose el pelo oscuro.
A la entrada o a la salida del pueblo, cerca del semáforo. Depende del destino. Yo viajaba, incómodo en mi traje recién estrenado. Corbata a rombos, camisa azul, zapatos brillantes. Me sentía en otra piel hasta que vi la suya y la quise mía.
Fue por la época en la que me trasladaban en el trabajo, brizna de paja que mueve el viento. Inseguro dentro de mis trajes nuevos, romboidales corbatas, azules camisas, zapatos relucientes. La descubrí una tarde peinándose. Desde entonces, al ir y volver giraba la cabeza para adivinar su silueta.
Una noche, la ventana estaba abierta de par en par en un abrazo. No estaba, la luz verdosa borraba los contornos de los muebles y los objetos. Las medias oscuras desprendían chorros de tristeza porque ella no aparecía. Por la noche, los coches y las furgonetas brillaban en el aparcamiento, junto al rosa edificio. Si era noche de viernes, había muchos más. Comencé a odiar a los conductores de aquellos automóviles con una furia que no me conocía. Yo trabajaba en un banco y era un hombre moderado y sociable, educado y racional. Si hubiera tenido valor, los habría matado. Quise volar aquel maldito edificio. Deseé ser mercenario y robármela.
Eran segundos los que el autocar paraba en el semáforo, si estaba rojo; si verde perverso, no me dejaba ni otear su ventana, miserable suerte la mía. Ella tendía ropa o se peinaba o se quedaba mirando la carretera con sus ojos llenos no sé de qué. En uno de aquellos días se asomó y dejó caer un ramo de flores. Pétalos blancos derramados sobre la tierra seca. El letrero luminoso, verde como semáforo abierto sugería una cita prohibida y dentro de mí la ira crecía en sintonía con sus destellos infames.
Yo no tenía una granja en África
[1] ni un asunto de honor[2]... yo atisbaba un reflejo en la ventana.
Tiempo después otro traslado imprevisto me llevó a otra carretera, a otro pueblo, lejos de aquel edificio. Entonces todo terminó. Aunque quizás fuese un poco antes, en el instante en que las flores blancas se precipitaron sobre la tierra reseca. Caí en la cuenta que no era mercenario, que no era un asunto de honor
[3], que no poseía en África una granja [4]y que ella, estaba casi seguro, no era Dulcinea.

[1] No como Karen Blixen en Memorias de África, su libro comienza: Yo tenía una granja en África (...)
[2] Cachito, un asunto de honor. Arturo Pérez-Reverte.
[3] El mismo asunto de honor de Pérez-Reverte.
[4] Memorias de África, Karen Blixen.

Comentarios

Aurefaire ha dicho que…
Anto amiguiz!!!! yo me enamoré una vez así... quise ser mercenaria pero no pude, me falto el valor...
Hermosa historia, me quedo con el sabor de la espera en el semaforo...
Besitos de hada!!!
Aurefaire ha dicho que…
Queridisima perdon por mi descuido...
el post dice algo asi como:
Deseo q estuvieras aqui conmigo
tu mano sosteniendo la mia
podriamos descansar al lado de la pileta y soñar con las estrellas
tu corazon y mi corazon
enredados...
Besitos de hada bonita!!!!
Sansara ha dicho que…
La lástima no tener el valor para bajarse del autobús y, bajo aquella ventana, observarla un rato más que un semáforo mutable al pie de las colinas de Ngong ...

;)

Pero supongo que eso es lo que hace más realista tu historia...
Isabel Romana ha dicho que…
Muy sugerente el relato, querida amiga. Creo que una de las cosas que más me atrae es esa capacidad que todos tenemos para fabular la vida y el amor con ese alguien que vemos a través de una ventana y que, quién sabe, quizá nos merecemos. Besos y hasta pronto.
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Precioso Aurefaire... besos
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Hola, Sánsara...
sí quizás...
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Hola, Isabel
besos
A mí me gusta la capacidad de soñar... quién sabe, tal vez por momentos él se sintió un armado caballero...
Aurefaire ha dicho que…
PÁGINA 123
Lluvia me ha pasado un juego. Se trata de transcribir las cinco primeras líneas de la página 123, del libro que estemos leyendo actualmente.Luego pasarle el testigo a otros cinco bloggers más.
Yo se lo paso a:

Maria Antonia
Chuckie
Jacquie
Zapa Celeste
Blanche

Mis 5 líneas están el el blog de Lluvia http://lalluviaquecae.blogspot.com/
jijiji a jugar!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
zapa celeste ha dicho que…
Precioso relato.
besos
Aurefaire ha dicho que…
Si mi vida en tu pagina creas un post nuevo y copias la consigna como hice yo luego donde dice se lo paso a: elegis 5 bloggeros a los q quieras pasarle el juego y les avisas q los invitas a jugar. Luego copias las 5 lineas del libro q estes leyendo. y ya eso es todo amigaaaaaaaaaaaaaa
besitos de hada q vuela al atardecer...
gonzalo ha dicho que…
que lleva tu alma sobre ese peso de tristeza?
Mª Antonia ha dicho que…
LLevas en tu alma alguna certeza, Gonzalo?
Clo ha dicho que…
La certeza del no saber, cuenta?
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Por supuesto, Clo
Camino ha dicho que…
Hermoso relato... ¿viste la película la Masai Blanca (o leiste el libro, yo es que vi la película, el libro... bueno está en lista de espera)? Trata de una que se bajó del tren (avión para ser más exacta). La película en general es entretenida.
Un saludos
Mª. Antonia Moreno ha dicho que…
Hola Camino... bienvenida
no no la he visto
intentaré verla
Saludos!