
Vivía en el tercer piso donde los gritos y los portazos eran la canción de bienvenida a propios y extraños. En las habitaciones diminutas nos soportábamos ocho personas, un gato de raza indefinida, ocho cactus y tres geranios maltrechos. Pero a la salida, en el pasillo, la madriguera del conejo blanco me aguardaba para llevarme abajo, abajo, abajo. Era un ascensor cubierto de madera que rechinaba lastimosamente al bajar. Era un cuadrado fantástico que viajaba a la casa del sombrerero loco y al reino de las cartas de corazones. En el piso más bajo del edificio, sobrevivía una mujer escéptica, de mirada aguamarina y ademanes extraños y suaves. Seguro murió, cuando me marché, era vieja, tan vieja como el océano gris. Huía en ascensor de los ruidos, de la rutina, de la fealdad de mi vida, hecha de frío y de hambre nunca satisfecha. Abajo, abajo, abajo, vivía una dama anciana, extraña y poco dada a hablar de naderías que me dejaba penetrar por unas horas en su mundo de mágico silencio. Recuerdo que tenía violetas en jarrones blancos y una tortuga enana y anaqueles que se curvaban como espaldas de viejo por el peso de las historias. Recuerdo que la hallaba casi siempre fumando un cigarrillo tras otro, tomando una taza de té y otra y otra. Recuerdo que me acariciaba el pelo cuando partía hacia el ascensor, camino de la estridencia y de la opacidad de los días del tercer piso. De entre todos los recuerdos, hay uno que por sí solo era capaz de arrastrarme al ascensor aunque estuviese enferma o no soportase el hambre. En medio de la sala había un gran baúl de madera que ella abría para mí. Repleto de postales amarillas por el tiempo, el baúl guardaba los restos del naufragio, pero esto lo comprendí mucho después, no entonces. Yo leía absorta las dedicatorias de las tarjetas postales: Con cariño para Julita, Déle recuerdos a sus padres, No la olvido, He conocido Berlín, Pasaré por España el mes que viene, Puede decirle a su señor padre si puede recibirme... Abajo, abajo, abajo. Había un mundo insospechado, hecho de maderas de naufragio y de pedazos de sueños rotos.
Comentarios
Besitos de hada :O)
Un beso.
gracias por las palabras...
Besos
Bienvenido.
Gracias!!!! (por lo del hallazgo... ji ji)
bueno, me gusta dejar el relato así... un poco al azar...
Saludos y nos visitamos!
todos tenemos un baúl así, en la memoria, en el alma, en la infancia que se quedó atrás... puede ser una caja de cartón, una carpeta con cromos, un estuche con pinturas de ceras...
besos
Besos para ti también, sin trabas.
Somos un poquito todas alicia, eh???? ese bajar, soñar, ir detrás...
saludos!!!