6.7.09

Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo

Esto de escribir es un misterio, es un mapa que señala las rutas del tesoro o los caminos de una isla repleta de caníbales (de dos metros y medio). Comienzas con la idea inconfesable (y vanidosa… muy vanidosa) de querer escribir la historia (Sabina dice eso de la canción, pero es lo mismo) más hermosa del mundo. Y te sale otra cosa, algo parecido a esto que escribo ahora. La idea es describir el aire burbujeante y la fragancia de los arbustos y, de pronto y por sorpresa, el mapa no sirve, la rosa de los vientos está estropeada y tus manos se mueven directamente desde el corazón. Y la historia ya no es hermosa, ni bonita, ni nada, ni siquiera es historia, ni canción. Pero has escrito unas cuantas líneas, (puede ser que hayas escrito algo parecido a esto) y te preguntas el porqué, dónde está el misterio.
Sí. Ya. Desde que alguien comenzó a escribir, a descifrar lo que sentía, lo que imaginaba, a enfrentarse con el papel en blanco que para unos fue un pergamino y para mí es el lienzo electrónico del ordenador, que para unos es una delicia y para otros es una tortura, desde que en la arcilla alguien grabó sus primeros pensamientos, desde entonces, se ha escrito tanto y se ha hablado tanto del supuesto misterio. Quizás demasiado.
Pero… ¿y el miedo? Hay temporadas en que no puedes escribir, por mil razones, ninguna válida del todo; porque no tienes tiempo, porque las palabras se atascan en la mitad del pecho, porque no encuentras la música ni el lugar adecuados, porque la historia que pensabas que iba a ser el atlas más maravilloso del mundo no pasa de ser unos garabatos de boli azul en una servilleta de bar. Y tienes miedo. Miedo de escribir tonterías, miedo de no ser capaz de juntar dos palabras, miedo… Es entonces cuando (a mí me funciona, a veces) piensas en que no tiene importancia. Y a ver que sale. Y que es un juego, y quieres jugar y zambullirte de cabeza en el papel en blanco, en la arcilla, en la corteza de abedul. Y dibujar, y pintar, y escribir líneas y palabras hermosas (almizcle, jacarandá, pájaro) y tal vez ya no escribas la historia (o canción) más hermosa del mundo pero es tu historia (o tu canción). Con el permiso de Sabina.

2.7.09

Besos robados

Siempre se equivoca con mi nombre, desde que era niña. El otro día, también. Subimos al autobús, yo delante, ella detrás, con la mirada extraviada en kohl y los pasos perdidos. Me miró, la miré. Tenía la misma expresión de niña, la desdicha pintada en el rostro complementando el rímel negro y el pintalabios rojo. La misma media sonrisa dibujada en el rostro, como cuando era muy niña y se abrazaba a mi cintura, de pronto y por sorpresa, después de recriminarle uno de sus comportamientos. No hagas eso, no hagas lo otro. Se abrazaba a mí y me dirigía una media sonrisa que aún conserva, y yo caía en la cuenta de que lo hacía (aquello, lo otro) sólo para conseguir un abrazo. Ya no es tan niña, pero aún no es mayor y, sin embargo, su rostro maquillado con exageración y su porte desilusionado, lo desmienten.
Siempre se equivoca con mi nombre, como cuando era una niña. Quizás la vida le ha robado demasiados besos, a ella. La frase no es mía, me la apropié (disculpa, F.), pero a ella le sienta como un guante de Hilda (estarás de acuerdo, F.). Sus ojos lo dicen, cuando me miran.

29.6.09

Dubai

Ayer vi el programa de la Cuatro donde un grupo de españoles contaban y cantaban las excelencias y las miserias de vivir en Dubai. Miserias si eres indio o paquistaní, excelencias si eres europeo o estadounidense. Acostumbrados ya a las excentricidades del shayj, sorprende la artificiosidad del conjunto y aterra la pérdida de lo sublime. Lo sublime de lo sencillo, que no simple.
Crear playas, desviar ríos, construir monstruosos edificios y pistas de esquí en pleno desierto. Todo sin mesura. Sorprende la visión de esos obreros que, en la otra orilla, apartados como si tuviesen la peste, malviven y trabajan hacinados para que los otros, los ricos, tengan piscinas en las azoteas de los edificios y espectaculares islas. Contaban en el programa que muchos de ellos deciden terminar sus vidas arrojándose ante los coches. Mueren atropellados, pero en realidad los atropelló la pobreza y sus circunstancias.
Aterra la pérdida de lo sencillo, que no simple. Cada una de esas vidas que se consumen trabajando a temperaturas superiores a 45 grados. Con la cabeza herida y el corazón maltrecho.

26.6.09

¿Aún conservaría la inocencia?

24.6.09

¿Te provoca un tintito?

No sé muy bien si fue su modo de mirar, de frente, por derecho. No me había fijado en él hasta que terminó el congreso y nos encontramos en la recepción del hotel, el saliendo, yo entrando, un viernes, a eso de las 3.
Fue en Caracas, lejos de mi país y del suyo, y no sé muy bien si ocurrió porque estábamos muy lejos o porque de pronto me sentí muy sola. En el hotel nos alojábamos 200 médicos hispano parlantes y allí, en la recepción, experimenté un miedo repentino e irracional ante la perspectiva de quedarme sola en la habitación, haciendo tiempo hasta que llegara la mañana y con ella el avión que me retornaría a mi rutina de costumbres, eso sí, acompañadas. Durante la semana apenas había reparado en él, aunque en una de las mesas que me tocó moderar estuvo sentado junto a mí y yo había pensado vagamente, en que ese médico colombiano sabía lo que se hacía. Pero nada más. Sin embargo, allí estaba, y yo también, y no sé por qué pasó, o tal vez sí que lo sé; porque tenía que pasar y ya está, para qué darle más vueltas.
Su manera de mirar me hizo sentir muy pequeña y desvalida y, al tiempo, como una niña de cinco años a la que se le conceden todos los caprichos. Bastante poderosa.
Yo rescaté una sonrisa de otro tiempo. Él me miró desde el fondo de sus ojos oscuros y posó el dorso de su mano en mi mejilla, casi como si estuviese comprobando si la niña pequeña tenía fiebre o tenía empacho de tanto comer caramelo. Quizás el rubor inoportuno que me asaltó le convenciera de que no estaba bien del todo. Su voz me llegó en un susurro de selva: ¿te provoca un tintito?
Me pareció tan salvaje y transgresor eso de tomar vino a las 3 … no fue hasta después, cuando ya era noche cerrada y estábamos los dos, solos, en mi habitación, cuando reclamé una copa.
¿Te apetece ahora ese tintito, amor?, le susurré, balanceo de liana. A lo que él me respondió, murmullo de torrentera: ¿no será un poco tarde para un cafecito?
Y es que a veces los malentendidos son tan oportunos...

22.6.09

Cómo me gusta mi pueblo

Seguro que les ha pasado alguna vez. Un encuentro profesional, una conferencia, una jornada. Pongamos que hablamos de Barcelona, o de Alicante, o de Madrid, pongo por caso. Pongamos que hablamos de una jornada sobre Centros de Salud en municipios rurales. Pongamos. El coordinador del centro acude con el señor Alcalde o el concejal de turno. Hasta ahí, estupendo. Ya es hora de que los responsables políticos acudan a foros profesionales, que escuchen a los que entienden de eso, que se mezclen, ya es hora. Pero, ay.
El evento empieza. Hay pueblos de toda la geografía española, secos como el trigo amarillo, verdes al lado del mar, románicos, chiquititos y muy grandes, donde llueve mucho y donde hace mucho calor y está bien que así sea, oigan. Que así tenemos una panorámica de la situación, una panorámica real, no crean.
Habla el primer alcalde. Es un tipo campechano, sencillo, que despierta más de una risa entre el respetable. Este hombre sirve para animar una noche aburrida, ya les digo. Se remonta al siglo XI, para demostrarnos que su pueblo tiene historia, y lo creemos. Y cuenta, con pelos, señales, pelusillas y cicatrices, su elección como alcalde, que este año hace 30 que lo es y por algo será, vaya. Y la cosa se alarga, mientras nos describe lo bien que se vive en el pueblo, la de bodegas o algo así que hay, etcétera, etcétera, etcétera. Para cuando empieza hablar el coordinador del Centro de Salud, ya casi no hay tiempo.
Esperen, esto parece que se arregla. Ahora viene otro pueblo, más pequeñito, muy seco, con muchos problemas de agua, y el alcalde promete ser breve porque aquí venimos a lo que venimos, nos dice y suspiramos tranquilos, pero hete aquí que no, que era otro espejismo, ¿qué es resumir?, ¿qué es brevedad?, ¿a qué hemos venido aquí?
Hay una concejala que nos intenta convencer de lo bello y libre que se vive en su pueblo y, de verdad, palabrita del niño Jesús, que sí, que la voto. Hay otro alcalde que está tan orgulloso de su pueblo, tan lindo, tan verde, tan monumental y tan artístico que nos enseña fotos y más fotos y dan ganas, oigan, de reservar ya una habitación en ese hotel tan chulo. No habrán hecho planes para las vacaciones, ¿verdad?
Llegados a este punto, concluimos que lo que nos parecía un acierto, no lo es tanto, vamos a ser claros y breves (se lo prometo). Ha sido un error. Aquí alguien se ha equivocado. O los asistentes que no sabíamos que veníamos a una charla sobre las excelencias de los municipios de los Señores Alcaldes, o los Alcaldes, que no tenían ni idea de que aquello era un encuentro profesional, o los coordinadores de los Centros de Salud que no tuvieron fuerzas para negarse a ir con sus alcaldes, o los organizadores que no supieron organizar el tinglado. Ustedes dirán.

18.6.09

treinta y ocho

Vertiginoso como el rayo en la tormenta,
dulce como rama de vainilla,
seductor cual canela,
implacable como una arruga,
lento ... siesta de verano,
fugaz como vuelo de aquel pájaro,
caprichoso, niño en una juguetería,
perspicaz: detective de novela negra,
intuitivo como una mujer,
vanidoso en la edad del pavo,
cansado en la senectud,
decepcionado cuando caíste en alguna trampa de la vida,
risueño, bebé comilón,
burbujeante en la mañana de mayo,
precioso como niña bonita,
escaso como el agua en el Kalahari,
tierno si es recién hecho,
pasado si ya no recuerdas cuando pasó,
emocionante como un descenso en piragua o un concierto de Manolo,
aventurero como las exploradoras del XIX,
negro como el corazón de algunos hombres,
blanco como la risa de los niños,
nostálgico, tren que se aleja,
brumoso como una mañana en el Londres de la película,
romántico, góndola veneciana o burro en Zamora,
portátil como teléfono,
ambulante, zíngaro recorrido,
atractivo, lamborghini de los ochenta,
atrevido, tupé cardado o minifalda con calentador,
recatado, rebeca roja para ir a misa,
alegre, como unas vacaciones o un helado de limón,
triste, como una despedida en una estación,
nebuloso, laberinto de feria,
ruidoso, españoles en un autobús,
dubitativo, como estudiante en vísperas de examen,
rabioso, amante despechado,
tranquilo, como el mar Mediterráneo,
cambiante como cambian las piedras de mi ciudad.
Parafraseando a Lope de Vega, contad si son treinta y ocho y está hecho.